Qué material se necesita para el tracking de gorilas
Para
hacer el tracking a los gorilas, es aconsejable llevar guantes, ya que una vez adentrados en el bosque la vegetación es muy densa. Por supuesto, un buen calzado de montaña, transpirable e impermeable, ya que hay zonas embarradas y puede haber que cruzar pequeños riachuelos. Además, llevar unas polainas o calcetines altos evitará que las hormigas nos suban por los bajos de los pantalones. En cuanto a los palos para ayudarse durante el trekking, no es necesario llevarlos ya que en el centro de interpretación dejan prestados unos bastones de madera. Por último, un sombrero, agua, insecticida y, por supuesto mascarilla para evitar que podamos contagiar a los gorilas.Nuestro recorrido fueron 14 km (ida y vuelta) de los cuales los cinco primeros fueron bastante suaves ya que se sucedían bajadas con subidas pronunciadas, pero seguidas de zonas llanas que nos permitían recuperar. Poco después, llegamos a la ladera de la montaña donde comenzaba la subida a la montaña atravesando la selva para llegar hasta donde se encontraba la familia de gorilas que ya habían localizado los rastreadores.
La belleza de la ruta era tal que pensé: "si no tengo ocasión de ver a los gorilas, me daré por satisfecha". Atravesamos poblados de gente local, vimos a las mujeres con sus bebés atados a la espalda mientras cosechaban la tierra y a niños al cuidado del ganado.
Mientras, nosotros seguíamos montaña arriba hasta que nos indicaron que ya habían localizado a una familia de unos 8 a 10 miembros. En ese punto dejamos mochilas y bastones con los porteadores y, solo con las cámaras, comenzamos a subir por la selva cerrada los metros que nos separaban de ellos.Estábamos subiendo entre la espesa maleza que casi nos cubría por encima de la cabeza, cuando de repente, al levantar la vista, vimos a tan solo unos metros un inmenso ejemplar que, sentado de espaldas, parecía no importarle nuestra presencia. Poco después, los gorilas bebés comenzaron a descender la ladera y, tras ellos, todo el grupo se desplazó unos metros.
Hipnotizada por tan increíble estampa, comencé a descender tras ellos, sin percatarme de que uno de los jóvenes miembros había quedado atrás y ahora descendía para reunirse con los suyos. Apenas pude volverme y ver cómo descendía corriendo tras de mí. Instintivamente me quedé inmóvil y di un paso hacia la izquierda intentando dejar paso y, al mismo tiempo, ocultándome tras un arbusto. En ese mismo instante vi cómo uno de los rastreadores se dirigía colina arriba hacia mí con la mano extendida y ya no tuve tiempo de pensar qué estaba pasando, pues en ese momento noté un empujón en la espalda que me hacía a un lado mientras el pequeño -menos mal- continuaba su camino.
Es curioso darse cuenta de que, llega un momento en el que te das cuenta de que ya no importa tomar esa foto tan única que tenías en mente. Un momento en el que dejas las cámaras y quedas absorta ante el espectáculo que tienes delante mientras intentas vivir esa emoción cada segundo y disfrutar de la interacción animal. ¡Una experiencia inolvidable!
El camino de regreso se hizo mucho más corto, era tanta y tan grande la emoción que me embargaba que perdí la noción del tiempo. Ahora entendía por qué alguien puede dar su vida por estas criaturas...