¿La isla de la eterna primavera o la perla del Atlántico? Son muchos los intentos de describir este archipiélago volcánico y puede que ninguno alcance la realidad. Hay que vivirlo. Atardeceres desde lo alto de acantilados, selvas de laurisilva y piscinas naturales. Senderismo entre cascadas, picos que se elevan por encima de las nubes y miradores que presumen de belleza natural. Y sí, Madeira es más de montaña que de playa, pero también tiene un secreto. Los 9 kilómetros de arena fina de la isla de Porto Santo, más conocida como isla Dorada, son un refugio donde la vida se disfruta a un ritmo tranquilo. Porque Madeira es mucho Madeira.