El cuarto día de nuestro viaje nos despertamos temprano en
Antsirabe, la tercera ciudad más grande de Madagascar y la capital de la
región de Vakinankaratra, dentro de la provincia de Antananarivo. Fuimos caminando hasta el centro de la ciudad, ¡nos esperaba un día lleno de sorpresas!, pero eso aún no lo sabíamos… Nuestros horarios estuvieron regidos en todo momento por
la salida y puesta del sol: lo que nos obligó a acostarnos todos los días ¡antes de las nueve! Reconozco que al principio me costó dejar atrás el horario español, algo que a mi primo no le sucedió, ya que los horarios de Londres y Madagascar ¡son exactamente los mismos!Para recorrer la ciudad no encontramos un transporte mejor que los
tradicionales Pousse-Pousse: carros empleados también en la cultura india bajo el nombre de Rickshaws. Recorrimos el centro histórico e hicimos las tres paradas obligatorias: en la
estación de tren, la catedral y el mercado de
Atsena Kely. ¿Sabíais que Kely en malgache significa pequeño? Sí, ¡has acertado! La razón por la que dieron este nombre al mercado central fue su reducido tamaño. Durante el recorrido por este rincón de Madagascar nos llamaron especialmente la atención los continuos vestigios de influencia extranjera en la arquitectura, principalmente de la
época colonial francesa: en el centro de la ciudad reinaban los edificios blancos de corte elegante y proyección externa a través de amplios balcones con refinados motivos decorativos. Mirase donde mirase encontraba un rincón que fotografiar. ¡Sería un pecado no haber traído la cámara a este viaje!Era domingo y el pueblo estaba transitado por todo tipo de personas: desde los pastores de
rebaños de emúes -reses para nosotros- en el camino del mercado, hasta familias dirigiéndose hacia la catedral para escuchar la misa del domingo. Hablando de religión, Madagascar es un país con una gran mezcla de ellas debido a su
influencia musulmana y cristiana. Sin embargo, la rama que más nos sorprendió a mi primo y a mí fue la
animista. Se trataba de una
religión basada en la creencia de que todos los seres que habitan el mundo tienen un alma; pero no un mismo tipo de alma como se puede deducir del pensamiento cristiano, por ejemplo, sino un alma diferente y única para los humanos, los perros, los árboles ¡e incluso el agua! De esta manera y siguiendo la
teoría del Karma, este rama religiosa defendía que cualquier acto en contra de otro ser (fuera del tipo que fuese) lograba que la vida te devolviese el gesto con mala suerte la próxima vez que te acercases a otro de su especie. Así que ya sabes, cuando
viajes a Madagascar no cortes la rama de un árbol ¡o se te caerá otra sobre la cabeza al día siguiente!Tras la visita al pueblo salimos dirección a la
capital de la artesanía malgache, Ambositra. Nada más llegar comimos en la terraza de uno de los restaurantes de la calle principal, cuya especialidad era la
ternera especiada con jengibre: una combinación que nunca me habría esperado que tuviera un sabor tan delicioso. Nada más comer nos dimos un paseo por la ciudad y paramos en varios talleres de marquetería para ver a los artesanos
trabajar la madera y la seda. Allí a los artesanos se los conoce como Zafimaniry y ¡son figuras muy respetadas dentro de la sociedad malgache!El resto del día lo dedicamos a comprar souvenirs para llevar a nuestra familia y aprovechamos para disfrutar de una
cerveza típica de la zona, con la compañía de los habitantes de Ambositra. La
mejor cerveza del lugar es la de la isla es Three Horses -conocida localmente como THB-. Se trata de una cerveza pale elaborada por Star Breweries of Madagascar desde 1958.
¡Es la cerveza más vendida en Madagascar y ha sido calificada como emblema del país! THB se vende en todo el territorio y desde 2005 se ha comenzado a exportar a mercados como Francia, la Isla de la Reunión, Comoras y Mayotte. Siendo sincero no sé si la razón por la que me gustó tanto fue el cansancio que llevaba acumulado, el calor que invadía el ambiente o lo fresquita que estaba la cerveza; lo que si sé es que pasó a formar parte rápidamente del
top de mis cervezas favoritas. Y mira que he pasado grandes temporadas de mi vida en Bruselas, Múnich y Portland...