Cómo organicé mi viaje a Madagascar
Como en todos los viajes que había llevado a cabo últimamente, el punto de partida fue el aeropuerto. Cada uno de nosotros llegaba a una hora distinta a un aeropuerto diferente, así que decidimos que lo mejor sería quedar en un lugar emblemático fácil de localizar, en la ciudad de destino. Igual que en las ocasiones anteriores, uno de los mejores recuerdos de mi viaje fueron esos minutos previos a encontrarme con él mientras buscaba entre las caras de los desconocidos la suya.No sé ni cómo ni por qué escogimos este destino, solo sé que una tarde mi primo me llamó desde Londres preguntándome si me atrevería a descubrir junto a él Madagascar. Por aquel entonces y sin haber investigado nunca nada acerca del tema, lo único que conocía de Madagascar era el nombre -ese mismo que daba vida a un par de pingüinos y a algún que otro león, en una famosa película de dibujos animados. Sin más dilación, pedí ayuda a mis compañeros de PANGEA, expertos en Madagascar, me contaron todos los detalles de este país insular del Océano Índico y en menos de una semana ya teníamos los billetes comprados y el recorrido planificado de principio a fin, junto a un guía que realizaba la función de acompañante. ¡Nuestro diario de aventuras empieza aquí! ¿Estás listo?Llegamos a Madagascar al anochecer, tras dos vuelos, una escala en Addis Abbeba y 3 horas de conducción. ¡La emoción latía en cada centímetro de nuestra piel! De camino a la habitación la oscuridad lo cubría todo, ¡no habríamos visto nada de no ser por la ligera luz que emitían las estrellas!