Llegamos a Atitlán por la principal puerta de entrada, la ciudad de Panajachel. De las villas que rodean el lago es la más grande y la que cuenta can más servicios y hoteles.
Panajachel nos ofrece unas vistas impresionantes de los 3 volcanes que rodean el lago, el volcán Atitlán, el Toliman y el San Pedro. Es desde Panajachel desde donde podremos reservar los servicios de una lancha local para hacer el preciado tour de aldeas mayas que recomendamos para poder hacerse una idea de la cultura maya y de sus habitantes: los mayas de verdad, que nunca desaparecieron, sino que se asentaron en esta zona de Mesoamérica. Aprenderemos costumbres, gastronomía, artesanía, religión, astronomía y un sinfín de conceptos que, por sencillos, a veces se nos escapan.En algunas de las villas que rodean el lago, como San Juan o San Pedro, el viajero se puede quedar a dormir con alguna de las familias locales que siempre están encantadas de recibir al extranjero y mostrarle cómo viven y juegan en su día a día en esta parte del mundo.Despedirse de Atitlán no es nada fácil. Ir viendo por la ventanilla trasera del coche o autobús cómo los volcanes se van haciendo pequeños no es una sensación agradable, y menos si nuestro destino es la superpoblada y contaminada capital del país: Guatemala City o La Nueva Guatemala. Aunque, en este caso, solo iríamos a la capital para llegar al aeropuerto y tomar un vuelo interno hasta Peten, el departamento más grande y menos habitado del país; una vasta extensión cubierta por selvas tropicales, sabanas y ruinas mayas increíbles.