A parte del fundamental que es Tokio, podrás conocer sitios como Matsumoto, en el cual disfrutarás de un entorno rodeado de montañas para hacer trekking, y vistas maravillosas como el increíble Castillo de Matsumoto, y de una naturaleza completamente distinta a la que conocemos en el parque Jigokudani o valle del infierno, denominado así por el paisaje creado por el vapor y el agua hirviendo que sale del suelo congelado y para ver los famosos monos de nieve.
También podrás saber cómo se sintió
Marty McFly viajando al pasado cuando visites la ciudad de Takayama, pero al total estilo japonés tradicional: viendo las fábricas de sake que podrás probar, alojándote en un ryokan con tatamis, o puertas correderas de papel de arroz, bañándote en las típicas fuentes termales, poniéndote un Kimono de postureo divino y disfrutando de una cena kaiseki.
Las últimas paradas no por ser las últimas van a ser menos japonesas. Sitios como Shirakawago, Kioto y Hakone te esperarán. Muy diferentes, pero pintorescos, cada uno a su propio estilo. El primer sitio cuenta con un mercado donde los lugareños acuden a vender artesanía y productos locales, un museo de carrozas de Takayam y por último en el valle del río Shogawa, con tradicionales masías Gassho-zukuri, algunas de las cuales tienen más de 250 años y han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad. El segundo sitio es perfecto para ser recorrido en bicicleta pasando por: el Templo Nichi-Hongaji, el Castillo de Nijo, el Kinkakuji o Pabellón Dorado y Ryoanji, donde veremos su famoso jardín zen de rocas y exploraremos el bosque de bambú de Arashiyama.
El último sitio es uno de los más maravillosos por sus espectaculares vistas, si no te lo crees te cuento por qué ahora mismito: Hakone es una pequeña ciudad famosa por sus orsen o aguas termales. Es una región rodeada por varias montañas boscosas. Una vez allí, te alojarás en un minshuku, una tradicional casa familiar, pero te recomendamos que visites antes el Museo al Aire Libre de Hakone, donde el encanto de las vistas de las montañas se mezcla con el arte en forma de esculturas haciéndolo un lugar extraordinario. Dedícate a explorar el Parque Nacional de Fuji Hakone, donde se encuentra el monte Owakudani, al que podrás subir en el segundo teleférico más largo del mundo. Su espectacularidad yace en el hecho de que tiene humos sulfurosos, termas y ríos propios de una zona volcánica que crean un paisaje del que no te podrás olvidar. De entre todas las visitas y actividades una de las más curiosas es poder navegar a bordo una réplica de un barco pirata por Ashinoko. Y por supuesto, visita FUNDAMENTAL: ver el famoso monte Fuji.

Si ya tenía ganas de visitar Japón, después de haber escrito este post aún más. Ahora entiendo por qué es un destino tan elegido por tanta gente. Desde luego merece la pena pasar un día en un avión para visitar esta maravilla. ¡Un viaje para uno, por favor!