Salares, flamencos y estrellas: Desierto de Atacama
Si tengo que elegir uno de los paisajes que más identifico con el norte de Chile, pienso inevitablemente en el Desierto de Atacama. Mi recomendación es utilizar San Pedro de Atacama como base para recorrer la región y comenzar desde allí las distintas salidas.
Además, establecerse primero en San Pedro ayuda a aclimatarse progresivamente a la altura antes de visitar algunos de los puntos situados a mayor altitud. El desierto ofrece experiencias durante las 24 horas del día: el paisaje cambia con la luz y, cuando desaparece el sol, el cielo toma el protagonismo.
San Pedro de Atacama
San Pedro da la bienvenida con construcciones de adobe, callecitas polvorientas y una identidad local muy reconocible. En el centro se encuentran la Plaza de Armas, la peatonal Caracoles y numerosas tiendas de artesanía.
Basta con levantar la mirada hacia el horizonte para encontrar la silueta del volcán Licancabur, que acompaña muchas de las vistas de esta zona del desierto.
Entre mis recomendaciones está visitar la iglesia de estilo barroco andino de San Pedro. Fíjate especialmente en su techo, donde se utilizaron materiales propios del entorno, como cactus y barro.
Valles que merecen una visita
Alrededor de San Pedro aparecen valles de formas caprichosas, extensiones de arena y rocas con tonalidades que cambian según la luz. Hay varios que considero imprescindibles y que permiten descubrir caras muy distintas del desierto.
Valle de la Muerte o Valle de Marte. Está a unos 3 kilómetros de San Pedro. Allí espera un paisaje de piedras y arena con una apariencia marciana, y sus dunas permiten practicar sandboard.
Valle de la Luna. Recomiendo visitarlo cuando el sol comienza a descender y la cordillera de la Sal adopta distintas tonalidades. Si prefieres evitar los momentos con mayor concentración de viajeros, mi consejo es recorrerlo por la mañana.
Valle del Arcoíris y Galería de Yerbas Buenas. Las rocas de colores llaman inmediatamente la atención, mientras que los petroglifos permiten observar cómo los pueblos ancestrales de la región plasmaron parte de sus conocimientos en la piedra.
Aldeas que debes conocer
Más allá de los grandes paisajes, esta zona permite acercarse a los asentamientos y comunidades que han vivido en el desierto. Yo incluiría Tulor y Socaire para sumar esa dimensión cultural al viaje.
Tulor. Permite acercarse a uno de los primeros asentamientos agrícolas del norte de Chile. Allí se conservan los vestigios de esta curiosa aldea de construcciones circulares.
Socaire. Esta pequeña población permite conocer técnicas textiles y artesanías realizadas con cactus. Si buscas llevarte algún recuerdo, comprar artesanía local ayuda además a apoyar directamente la producción de la región.
Reserva Nacional Los Flamencos
La Reserva Nacional Los Flamencos concentra algunos de los paisajes que más recuerdo del norte chileno. Salares, lagunas altiplánicas, volcanes, flamencos y mamíferos andinos se suceden en un entorno dominado por grandes extensiones abiertas.
Entre mis imprescindibles están la laguna Cejar y la laguna de Piedra. Aquí la enorme concentración de sal permite vivir la curiosa sensación de flotar en el agua, mientras que el entorno permite también observar flamencos y disfrutar del paisaje del salar.
Salar de Atacama
Dentro de este entorno, la laguna Chaxa es conocida por la presencia y cría de flamencos. Yo dedicaría tiempo a intentar distinguir las tres variedades que pueden encontrarse en la zona: flamencos andinos, chilenos y de James.
También recomiendo llegar hasta las lagunas altiplánicas Miñiques y Miscanti. En mitad de este paisaje árido, sus superficies de agua parecen enormes espejos rodeados por las montañas del altiplano.
Geiseres del Tatio
Los Geiseres del Tatio se encuentran a unos 4.300 metros sobre el nivel del mar y son una de las experiencias para las que merece la pena madrugar durante la estancia en Atacama.
Yo recomiendo visitarlos al alba. Las columnas de vapor, el olor a azufre y el frío de la mañana crean una escena que se queda grabada en la memoria y muestran una cara completamente distinta del desierto.
Cuando cae la noche todavía queda otra experiencia. El cielo del hemisferio sur es uno de los grandes recuerdos que me llevo de Atacama, con millones de estrellas visibles sobre el desierto y la posibilidad de localizar la conocida Cruz del Sur.
Se puede realizar una observación astronómica acompañada por un experto o simplemente buscar un punto apropiado y mirar hacia arriba. En cualquiera de los dos casos, reservaría una noche para disfrutar del cielo.