Platos típicos de Chile que no puedes perderte
Hay recetas que aparecen una y otra vez cuando se habla de qué comer en Chile. Algunas están extendidas por buena parte del país y otras pertenecen a territorios muy concretos. Todas tienen algo en común: forman parte de la memoria gastronómica chilena.
El ceviche chileno: mi gran debilidad
Si tengo que elegir un solo plato en el mundo, me quedo con el ceviche de Chile. Su frescura y su delicadeza lo convierten en mi gran debilidad y en una de las primeras cosas que recomiendo probar.
Se prepara tradicionalmente con pescados blancos locales recién capturados, como la reineta o la corvina. En la zona sur también se utiliza salmón. El pescado fresco lleva todo el peso de la receta.
Se corta en cubos pequeños y se marina con jugo de limón sutil. Después se incorpora cebolla morada bien amortiguada, pimentón y bastante cilantro fresco picado. El resultado combina el punto cítrico del limón con el aroma del cilantro y el sabor limpio del pescado.
Empanada de pino: el icono dominical
Pocas preparaciones están tan unidas al domingo chileno como la empanada de pino. Es un clásico de las mesas familiares, de esos que llegan calientes y enseguida empiezan a pasar de mano en mano.
El “pino” es una mezcla jugosa de carne de vacuno picada o molida y cebolla cocinada lentamente. Se añaden comino, una aceituna negra, un trozo de huevo duro y, en algunas recetas, pasas. Cada ingrediente aporta un matiz muy reconocible al relleno.
La mezcla se envuelve en una masa que se hornea hasta quedar dorada y crujiente. Al morderla aparece primero la masa y enseguida el interior jugoso. Esa combinación explica por qué la empanada de pino ocupa un lugar tan importante en la cocina chilena.
Pastel de choclo: tradición horneada en greda
El pastel de choclo me lleva directamente al campo chileno. Aquí el maíz tierno, al que en Chile se llama choclo, se convierte en el protagonista absoluto del plato.
En el fondo se coloca pino de carne, parecido al de la empanada, o pollo. Por encima se reparte una capa generosa de pasta de choclo sazonada con albahaca fresca. Se combinan así un relleno sabroso y una cobertura mucho más dulce y aromática.
Antes de hornearlo se espolvorea un poco de azúcar para conseguir una costra caramelizada. Lo ideal es prepararlo en una fuente de greda. Cuando llega caliente a la mesa, el aroma de la albahaca y el choclo ya anticipa buena parte de lo que viene después.
Cazuela chilena: el plato de las grandes ocasiones en familia
La cazuela tiene sabor a cocina familiar. Es una sopa tradicional y sustanciosa que suele servirse muy caliente y que reúne carne, verduras y caldo en un mismo plato.
Puede llevar una presa de vacuno o de pollo cocinada a fuego lento. Junto a ella se añaden zapallo, una papa entera, un trozo de choclo, zanahoria y porotos verdes. Se sirve cada ingrediente en piezas generosas, con todo su sabor todavía presente.
Al final se suele rematar con cilantro fresco picado. Para mí, la cazuela está muy ligada a esas grandes ocasiones en familia en las que la comida se convierte en parte de la reunión.
Curanto en hoyo: herencia de Chiloé
Hay platos que van unidos a un territorio, y el curanto pertenece a Chiloé. Esta receta es al mismo tiempo un festín y un ritual ancestral, con una forma de cocción que impresiona desde el primer momento.
Se abre un hoyo en la tierra y se colocan piedras calientes en el fondo. Sobre ellas se disponen los ingredientes y se cubren con hojas de nalca para conservar el calor y el vapor durante la cocción. Buena parte de la experiencia está en esa preparación compartida alrededor del hoyo.
Dentro se mezclan choritos, almejas, carne de cerdo, pollo, longanizas y papas. También aparecen elaboraciones hechas con masa de papa, como el milcao y la chochoca. Mar, tierra y tradición chilota se reúnen en una sola preparación.
El vapor que queda atrapado bajo las hojas cocina lentamente todo el conjunto y aporta ese sabor ahumado tan característico. Para mí, el curanto es una de las formas más auténticas de acercarse a la herencia de Chiloé a través de la comida.
Porotos con riendas: el clásico del día a día
Los porotos con riendas nacen de la cocina campesina y encajan especialmente bien en los días fríos. Es un guiso sencillo, abundante y muy ligado a la vida cotidiana.
Se preparan porotos (alubias) con zapallo y después se añaden tiras de pasta o tallarines. Esas tiras recuerdan a las “riendas” de un caballo y de ahí viene el nombre. La propia receta guarda una pequeña referencia al mundo rural chileno.
Su base es vegetariana y con frecuencia se acompaña de una rodaja de longaniza asada. Es una de esas comidas caseras que enseñan otra cara de la gastronomía chilena, mucho más cotidiana y cercana.