Qué ver y hacer en Islandia

Qué ver y hacer en Islandia

Actividades y experiencias imprescindibles para tu viaje a Islandia
Silvia López
Embajadora de Islandia en PANGEA
En PANGEA, un embajador no es solo un experto en un destino. Es alguien que lo ha recorrido tantas veces y con tanta pasión que puede contártelo como si lo vivieras con él. Sabemos que un viaje inolvidable empieza con quien te lo cuenta. Silvia te descubrirá los secretos mejor guardados de Islandia y te ayudará a diseñar un viaje a tu medida.
Silvia López

Actividades y experiencias imprescindibles para tu viaje a Islandia

Un viaje a Islandia empieza, casi siempre, en la carretera. En mis visitas a la isla he visto fallas tectónicas, cascadas enormes, volcanes, cráteres, playas negras y glaciares que parecen ocuparlo todo.

Hay países que se recuerdan por una ciudad; Islandia se recuerda por sus paisajes. Conduces entre campos de lava, aparece una montaña cubierta de musgo y, unos kilómetros después, una caída de agua te obliga a parar.

Esta selección reúne las paradas que más recomiendo cuando diseño un viaje a Islandia y me preguntan qué ver y hacer. Lugares conocidos, desvíos que merecen la pena y experiencias que ayudan a vivir la isla con los ojos bien abiertos.

El Círculo Dorado: mi forma favorita de empezar el viaje

El Círculo Dorado es una entrada perfecta al país. En una sola jornada reúne actividad geotermal, cascadas, placas tectónicas y paisajes volcánicos. Para un primer viaje, me gusta colocarlo al principio porque te mete de lleno en la Islandia más reconocible.

Desde Reikiavik se llega de forma sencilla, así que funciona muy bien como primera ruta tras aterrizar. Sales de la ciudad y enseguida empiezan el vapor, la roca, el agua y esa sensación de estar en un territorio vivo.

En Geysir siempre aconsejo guardar la cámara unos segundos. El agua hierve bajo el suelo, el vapor sube entre las pasarelas y cada erupción arranca una mezcla de sorpresa y risa nerviosa. Da igual que sepas que va a ocurrir: cuando sucede, impresiona.

Parque Nacional Thingvellir

Thingvellir me sigue impactando cada vez que vuelvo. Caminar allí significa avanzar entre dos placas tectónicas, la norteamericana y la euroasiática, con la separación visible en el paisaje. Pocos lugares muestran la geología de una forma tan clara.

También tiene un peso histórico enorme, y eso hace que la visita tenga varias capas. Me gusta recorrer sus senderos sin prisa, mirar las paredes de roca y pensar que Islandia no solo se contempla, también se siente bajo los pies.

Submarinismo en la fisura Silfra

Bucear en Silfra ha sido una de mis experiencias más surrealistas en Islandia. Nadar entre dos continentes, con una visibilidad de más de 100 metros, deja una imagen difícil de borrar. El agua es tan clara que por momentos parece que flotas en el aire.

Quien no quiera bucear tiene una alternativa curiosa en Hveragerdi. En el centro comercial Sunnumörk hay un suelo acristalado desde el que se aprecia la separación de placas. La vivencia es mucho más sencilla, aunque a mí me pareció un detalle muy curioso para añadir a la ruta.

Visita extra: Cráter Kerid

Kerid siempre me parece una parada muy agradecida. Es un cráter volcánico de 6.000 años, con un lago turquesa en el fondo y laderas rojizas que contrastan con fuerza.

Mucha gente lo deja fuera porque la entrada es de pago, aunque yo lo incluiría sin dudarlo. Se visita en poco tiempo, se fotografía muy bien y aporta ese punto volcánico que encaja de maravilla dentro del Círculo Dorado.

Las cascadas de Islandia: mis paradas imprescindibles en la ruta

Las cascadas fueron una de las grandes sorpresas de mi primer viaje. Iba conduciendo tranquila y, de pronto, aparecía otra caída de agua enorme junto a la carretera. Islandia tiene esa capacidad: convierte un trayecto normal en una sucesión de paradas memorables.

  • Gullfoss me dejó sin palabras dentro del Círculo Dorado. Su doble caída tiene una fuerza enorme, y desde el lado este el desfiladero se aprecia aún mejor. Es de esas cascadas que se oyen antes de terminar de verlas.

  • Seljalandsfoss permite caminar por detrás del agua. Sales empapada, sí, pero con una sonrisa difícil de esconder. Me encanta porque te deja mirar el paisaje a través de la propia cascada.

  • Skógafoss tiene una presencia imponente. Siempre subo por el sendero de la derecha para disfrutar de las vistas desde arriba. Cuando aparece el arcoíris en la base, la escena se queda grabada.

  • Dettifoss resulta hipnótica por su caudal. Acercarse por el lado oeste permite sentir mejor la potencia del agua. El sonido, la espuma y el movimiento crean una imagen muy cruda del norte de Islandia.

  • Dyjandi es mi joya personal. Está en una zona remota y cae con forma de “velo de novia”. En el camino me topé con un avión abandonado y con el viejo buque ballenero Gardar BA 64 oxidándose en mitad del valle, una de esas escenas inesperadas que hacen que la ruta gane carácter.

  • Gljufrabui queda escondida entre rocas, muy cerca de Seljalandsfoss. Se llega caminando por un arroyo poco profundo, así que conviene llevar calzado adecuado. Para hacer fotos es una maravilla.

  • Glymur recompensa cada paso. La ruta exige algo más de tiempo, aunque el paisaje acompaña desde el inicio. Al llegar a la cascada, todo el esfuerzo cobra sentido.

Lugares mágicos para hacer senderismo

Islandia es un paraíso para quienes disfrutamos caminando al aire libre. Hay montañas de colores, cañones verdes, columnas de basalto, playas volcánicas y glaciares. Cada ruta tiene una textura distinta.

  • Landmannalaugar me fascina por sus montañas de colores. Sus laderas parecen hechas de lava, minerales y ceniza. Después de caminar, acabar en sus aguas termales es un regalo.

  • Fjaðrárgljúfur está entre mis cañones favoritos. Su forma serpenteante y el verde de sus paredes crean una imagen muy potente. Es uno de esos lugares que invitan a parar más rato del previsto.

  • Ásbyrgi sorprende por su forma de herradura perfecta. La silueta del cañón destaca mucho dentro de un paisaje tan volcánico. Me gusta porque ofrece una caminata tranquila y muy visual.

  • Studlagil impresiona por sus columnas de basalto. Llegar requiere paciencia y, si se utiliza el aparcamiento cercano, puede hacer falta un 4x4. Cuando ves el río entre las columnas, entiendes por qué tantos viajeros quieren llegar hasta allí.

  • Askja parece otro planeta. El paisaje es remoto, mineral y amplio. Es una visita que pide buena planificación, porque llegar hasta allí forma parte de la aventura.

  • Stokksnes siempre compensa el esfuerzo. La playa salvaje, las dunas de arena volcánica y la montaña al fondo crean una de las imágenes más potentes de Islandia.

Aunque sin duda, caminar sobre el glaciar Vatnajökull ha sido una de mis mejores vivencias en la isla. Siempre lo recomiendo con guía, porque aquí la naturaleza manda. En la zona del Parque Nacional de Skaftafell esta experiencia encaja muy bien dentro de una ruta por el sur.

Otros lugares que no te puedes perder

Hay rincones de Islandia que parecen sacados de otro planeta. La laguna Jökulsárlón fue uno de ellos para mí: icebergs gigantes flotando, focas asomando entre el hielo y una sensación de estar delante de algo inmenso.

Justo enfrente está Diamond Beach. Los trozos de hielo brillan sobre la arena negra como si alguien los hubiera dejado allí a propósito. El contraste entre el hielo, el mar y la playa volcánica es brutal.

Si puedes, reserva una navegación en zodiac. Acercarse a los icebergs desde el agua pone la piel de gallina, mucho más que verlos desde una embarcación grande.

Fjallsárlón merece también una parada. Está muy cerca de Jökulsárlón, tiene muchísimo encanto y suele recibir menos gente. A mí me parece una visita ideal para alargar un poco la experiencia glaciar.

Viajar durante el sol de medianoche cambia la forma de vivir la ruta. La luz acompaña durante muchas horas y permite disfrutar de paisajes, carreteras y miradores con una claridad muy particular.

Dyrhólaey: territorio de frailecillos

Dyrhólaey me hizo sonreír como una niña. La reserva natural ya impresiona por sus acantilados, y ver a los frailecillos anidando entre julio y agosto añade una escena llena de vida.

Los puffins vuelan, se asoman y posan entre las rocas. El acantilado parece moverse entero. Eso sí, la carretera de acceso permanece cerrada del 1 de mayo al 25 de junio.

También he visto frailecillos en otros lugares de Islandia:

  • Reynisfjall, en el sur, con laderas llenas de movimiento.

  • Borgarfjörður Eystri, pequeño, remoto y perfecto para observarlos muy de cerca.

  • Los acantilados de Látrabjarg, con colonias enormes que impresionan desde el primer vistazo.

Baños termales: el relax islandés

Islandia también se vive desde el agua caliente. Después de un día entre cascadas, glaciares o carreteras volcánicas, pocas cosas apetecen más que una piscina natural en mitad del paisaje.

La Laguna Azul es la más famosa. Sus aguas lechosas, el vapor y el entorno volcánico la convierten en una opción muy cómoda al inicio o al final del viaje.

Kualaug y Hrunalaug

Kualaug y Hrunalaug son pozas pequeñas, rústicas y muy auténticas. Están integradas en la naturaleza y carecen de servicios, duchas o vestuarios, algo que mantiene su carácter sencillo.

Su tamaño reducido permite bañarse a unas 3 o 5 personas. Por eso conviene ir con paciencia, respetar el turno y dejar el lugar impecable al marcharse.

Seljavallalaug

Seljavallalaug es una de las piscinas naturales más emblemáticas de Islandia. Está situada en un valle rodeado de montañas, y llegar hasta allí ya forma parte de la experiencia.

Es más amplia que las pozas anteriores, tiene acceso gratuito y cuenta con vestuarios básicos. Me gusta recomendarla a viajeros que quieren vivir un baño termal en plena naturaleza, con un entorno de los que se recuerdan.

Islandia reúne cascadas, cráteres, glaciares, playas negras, frailecillos y baños termales en un mismo viaje. Cada jornada trae una imagen nueva y una sensación distinta.

¿Estás pensando en viajar a Islandia? En PANGEA podemos ayudarte a diseñar una ruta a medida, con las paradas que encajan contigo y experiencias pensadas para que el viaje sea realmente tuyo.

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