El Círculo Dorado: mi forma favorita de empezar el viaje
El Círculo Dorado es una entrada perfecta al país. En una sola jornada reúne actividad geotermal, cascadas, placas tectónicas y paisajes volcánicos. Para un primer viaje, me gusta colocarlo al principio porque te mete de lleno en la Islandia más reconocible.
Desde Reikiavik se llega de forma sencilla, así que funciona muy bien como primera ruta tras aterrizar. Sales de la ciudad y enseguida empiezan el vapor, la roca, el agua y esa sensación de estar en un territorio vivo.
En Geysir siempre aconsejo guardar la cámara unos segundos. El agua hierve bajo el suelo, el vapor sube entre las pasarelas y cada erupción arranca una mezcla de sorpresa y risa nerviosa. Da igual que sepas que va a ocurrir: cuando sucede, impresiona.
Parque Nacional Thingvellir
Thingvellir me sigue impactando cada vez que vuelvo. Caminar allí significa avanzar entre dos placas tectónicas, la norteamericana y la euroasiática, con la separación visible en el paisaje. Pocos lugares muestran la geología de una forma tan clara.
También tiene un peso histórico enorme, y eso hace que la visita tenga varias capas. Me gusta recorrer sus senderos sin prisa, mirar las paredes de roca y pensar que Islandia no solo se contempla, también se siente bajo los pies.
Submarinismo en la fisura Silfra
Bucear en Silfra ha sido una de mis experiencias más surrealistas en Islandia. Nadar entre dos continentes, con una visibilidad de más de 100 metros, deja una imagen difícil de borrar. El agua es tan clara que por momentos parece que flotas en el aire.
Quien no quiera bucear tiene una alternativa curiosa en Hveragerdi. En el centro comercial Sunnumörk hay un suelo acristalado desde el que se aprecia la separación de placas. La vivencia es mucho más sencilla, aunque a mí me pareció un detalle muy curioso para añadir a la ruta.
Visita extra: Cráter Kerid
Kerid siempre me parece una parada muy agradecida. Es un cráter volcánico de 6.000 años, con un lago turquesa en el fondo y laderas rojizas que contrastan con fuerza.
Mucha gente lo deja fuera porque la entrada es de pago, aunque yo lo incluiría sin dudarlo. Se visita en poco tiempo, se fotografía muy bien y aporta ese punto volcánico que encaja de maravilla dentro del Círculo Dorado.