

La primera vez que viajé a Corea del Sur agradecí haber preparado algunas cuestiones antes de salir. Saber qué documentación necesitaba, cómo moverme o qué aplicaciones llevar instaladas hizo que desde el primer día todo resultara mucho más sencillo.
Por eso quiero compartir contigo estos consejos para viajar a Corea del Sur, desde los requisitos de entrada hasta el transporte, la conexión a internet y algunas costumbres que conviene conocer. Son detalles prácticos que ayudan mucho cuando se aterriza por primera vez en el país.
Después llega la parte que más disfruto: caminar, probar cosas nuevas y observar la vida cotidiana. Corea del Sur combina ciudades llenas de actividad, historia, gastronomía, paisajes y una forma de vivir que sorprende desde los primeros días.

Antes de volar conviene dejar resueltas algunas cuestiones prácticas. Con la documentación, los medios de pago y el seguro preparados se empieza el viaje con mucha más tranquilidad.
Los ciudadanos españoles y de la Unión Europea no necesitan visado para viajar a Corea del Sur por motivos de turismo en estancias de hasta 90 días. Es necesario llevar el pasaporte en vigor y contar con una validez mínima de seis meses.
Los ciudadanos españoles están además exentos de solicitar la autorización electrónica K-ETA hasta el 31 de diciembre de 2026. Durante los tres días previos a la llegada se debe completar online la e-Arrival Card, un trámite gratuito que ayuda a agilizar la entrada al país.
Antes de viajar siempre aconsejo volver a comprobar estos requisitos. Las condiciones de entrada pueden cambiar y merece la pena revisar la información vigente antes de salir. En PANGEA estamos pendientes de la actualidad de cada destino y podemos ayudarte a preparar esta parte del viaje sin imprevistos.
La moneda oficial es el won surcoreano (KRW). En las grandes ciudades se puede pagar con tarjeta en la mayoría de hoteles, restaurantes, tiendas y cafeterías, así que resulta bastante cómodo manejar los gastos diarios.
También llevo algo de efectivo. Viene bien en mercados, pequeños comercios o puestos callejeros, donde tener wones a mano evita complicaciones. Yo suelo combinar una tarjeta sin comisiones por cambio de divisa con una pequeña cantidad de efectivo desde el comienzo del viaje.
Si el recorrido incluye ciudades como Gyeongju, contar con las dos opciones resulta práctico durante todo el día. De esta forma se puede pagar con facilidad tanto en establecimientos grandes como en negocios más pequeños.
Para viajar a Corea del Sur recomiendo contratar un seguro médico de viaje. El país cuenta con una sanidad moderna y de calidad y la atención sanitaria para viajeros puede resultar costosa.
Es una de esas decisiones que prefiero dejar resueltas antes de salir. Viajar con cobertura médica permite afrontar cualquier imprevisto con mayor seguridad, especialmente cuando se está lejos de casa.
También suelo incluir en la maleta los medicamentos básicos que puedo necesitar durante el recorrido. Llevar lo habitual desde España evita tener que buscarlo una vez allí.

Moverse por Corea del Sur resulta muy cómodo. El transporte público conecta bien las ciudades y, con unas cuantas aplicaciones instaladas, orientarse se vuelve sencillo desde los primeros días.
Corea del Sur está muy bien conectada. En ciudades como Seúl y Busan se utilizan con facilidad el metro y los autobuses para gran parte de los desplazamientos diarios.
Para viajar entre ciudades, el tren de alta velocidad KTX es una opción que me gusta mucho. Conecta Seúl con Busan, Daegu o Gyeongju de forma rápida y cómoda, por lo que encaja muy bien cuando se quiere recorrer diferentes zonas del país.
También resulta muy útil T-money para desplazarse en transporte público. Se puede utilizar en metro, autobuses y algunos taxis, lo que simplifica bastante los trayectos cotidianos.
Cuando se lleva esta parte preparada, moverse deja de ocupar espacio mental. Se sale del hotel sabiendo cómo llegar al siguiente punto y se aprovecha mejor cada jornada.
En Corea del Sur, Google Maps no funciona igual de bien que en otros países. Por eso siempre recomiendo descargar varias aplicaciones locales antes de viajar y probarlas durante unos minutos en casa.
Las que más ayudan durante el viaje son:
Naver Map o KakaoMap. Las utilizo para moverme por la ciudad, consultar rutas en transporte público y localizar restaurantes o lugares de interés.
Papago. Resulta muy útil para traducir menús, carteles y conversaciones sencillas. A mí me ha sacado de más de una duda delante de una carta escrita únicamente en coreano.
Kakao T. Facilita mucho el momento de pedir un taxi, especialmente cuando no se conoce bien la dirección o cuesta pronunciar el destino.
Mi recomendación es llevarlas instaladas y familiarizarse con ellas antes de volar. Unos minutos de preparación hacen que después consultar una ruta, traducir un plato o buscar un taxi resulte casi automático.
Cuando se continúa el viaje hacia Busan, agradezco especialmente haber adquirido ya ese hábito. Se abre la aplicación, se consulta el trayecto y se puede dedicar la atención a disfrutar de la ciudad en lugar de pensar constantemente en cómo llegar.
Corea del Sur es uno de los países más conectados del mundo. En hoteles, cafeterías y estaciones se encuentra Wi-Fi con mucha frecuencia, algo que facilita bastante el día a día.
Tener datos móviles propios sigue siendo mi opción preferida. Se puede comprar una SIM local o contratar una eSIM antes de salir de España. Disponer de conexión desde el primer día ayuda para utilizar mapas, traducir un menú o pedir un taxi en cualquier momento.
También lo agradezco cuando el itinerario continúa hacia lugares como Jeju. Contar con internet propio da mucha libertad durante los desplazamientos y evita depender de encontrar una red Wi-Fi.

Corea del Sur es un país muy moderno y conserva unas costumbres profundamente vinculadas al respeto y la educación. Observar lo que hacen los coreanos suele ser la forma más sencilla de desenvolverse con naturalidad.
Los saludos suelen ser discretos y se acompañan muchas veces de una ligera inclinación de cabeza. Los pequeños gestos de cortesía tienen bastante importancia en la vida cotidiana, algo que se percibe enseguida al entrar en tiendas, restaurantes o alojamientos.
En templos, casas tradicionales y algunos restaurantes puede ser necesario quitarse los zapatos antes de entrar. En el transporte público también se suele hablar con un tono de voz bajo y se evitan las conversaciones telefónicas en el metro.
Mi consejo es sencillo: observa cómo actúan los locales y déjate llevar. En pocos días se incorporan muchos de estos hábitos casi sin darse cuenta.
Si durante el viaje se incluye la DMZ, esa actitud de respeto resulta igualmente importante. Cada lugar tiene sus propias normas y prestar atención a las indicaciones ayuda a vivir la visita con naturalidad.
En Corea del Sur no es habitual dejar propina. En algunos casos puede resultar incluso extraño, así que normalmente se paga el importe indicado.
La educación tiene mucho más peso. Saludar, agradecer y dirigirse a las personas con respeto facilita cualquier interacción. Aprender tres expresiones básicas en coreano resulta muy útil y suele recibirse con una sonrisa.
Annyeonghaseyo: hola.
Kamsahamnida: gracias.
Joesonghamnida: perdón o disculpe.
No hace falta dominar el idioma para empezar. Con unas pocas palabras y ganas de comunicarse se resuelven muchas situaciones cotidianas.
La comida forma parte fundamental de cualquier viaje por Corea del Sur. Cada comida puede convertirse en una experiencia, ya sea alrededor de una barbacoa coreana, en un pequeño restaurante o frente a un puesto de mercado.
Hay varios platos que siempre recomiendo probar: bibimbap, bulgogi, tteokbokki, kimbap, pollo frito coreano y una buena barbacoa acompañada de banchan, los pequeños platos que se sirven para compartir. Probar distintas recetas permite recorrer Corea también a través de sus sabores.
A mí me gusta entrar en restaurantes locales y acercarme a los mercados sin llevar cada comida decidida de antemano. Muchas de las experiencias que más recuerdo surgieron precisamente en lugares que no tenía previstos.

La ropa cambia bastante según la época del año. Corea del Sur tiene estaciones muy marcadas, así que conviene preparar la maleta pensando en la estación concreta en la que se va a viajar.
La primavera suele ser suave, el verano es caluroso y húmedo, el otoño trae temperaturas más frescas y el invierno puede ser frío. El calzado cómodo es imprescindible durante todo el año, ya que se camina mucho durante las visitas.
Si se viaja en verano, recomiendo llevar ropa ligera, un paraguas plegable y alguna prenda que ayude a protegerse de la lluvia. En invierno se agradecen el abrigo, los guantes y la ropa térmica.
Para una jornada de naturaleza, como puede ser una visita al Parque Nacional Seoraksan, el calzado adquiere todavía más importancia. Yo siempre priorizo comodidad antes que llenar la maleta de opciones que después apenas uso.
Además de la ropa, hay algunos elementos sencillos que llevo conmigo y que terminan utilizándose mucho durante el viaje.
Medicamentos básicos. Resulta práctico llevar desde casa lo que se utiliza habitualmente.
Una tarjeta sin comisiones. Ayuda a gestionar los pagos sin preocuparse tanto por el cambio de divisa.
Una botella reutilizable. Viene bien durante las jornadas en las que se pasa muchas horas fuera.
Gafas de sol. Ocupan poco espacio y se agradecen durante las visitas al aire libre.
Una mochila cómoda. Facilita llevar lo necesario durante el día sin cargar con todo el equipaje.
Una maleta práctica hace que los desplazamientos resulten mucho más cómodos, especialmente cuando el recorrido incluye varias ciudades.

Corea del Sur me sorprende por su energía, su historia, su gastronomía, sus paisajes y la amabilidad de su gente. Es un país en el que cada zona aporta una parte distinta del viaje, por lo que recomiendo combinar varias paradas.
Seúl merece varios días. Después, mi consejo es continuar hacia otros lugares: Gyeongju para acercarse a la antigua capital del reino de Silla; Busan para disfrutar de su ambiente costero y sus mercados; Jeonju para conocer mejor la tradición coreana; y Jeju cuando apetece sumar naturaleza y paisajes volcánicos. La combinación de ciudades, historia y naturaleza ayuda a descubrir muchas caras de Corea del Sur.
Hay otro consejo que intento seguir siempre: dejar algún hueco libre durante el día. Perderse por sus calles, entrar en un mercado o sentarse en una cafetería que llama la atención permite vivir escenas que no estaban anotadas en ningún mapa.
También merece la pena acercarse a algunas experiencias muy ligadas a la cultura coreana. Se puede alquilar un hanbok y visitar uno de los palacios de Seúl, dormir en una casa tradicional hanok o disfrutar de un baño coreano en un jjimjilbang. Son momentos que ayudan a entrar en contacto con costumbres que forman parte de la vida y de la historia del país.
Hay una franja del día que disfruto especialmente en Seúl: cuando cae la tarde. Los palacios se iluminan, los mercados se llenan de vida y Hongdae enseña su lado más creativo, con jóvenes que cantan, bailan y comparten su talento en plena calle.
Corea del Sur tiene esa capacidad de sorprender incluso cuando crees que sabes lo que vas a encontrar. Su mezcla de cultura, sabores, modernidad, paisajes y vida cotidiana hace que cada recorrido pueda sentirse muy personal.
Para mí, Corea del Sur es un destino que se disfruta mucho más cuando el recorrido se adapta a lo que realmente quieres vivir: grandes ciudades, historia, gastronomía, naturaleza o una combinación de todo ello.
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