

La gastronomía de Corea del Sur fue una de las grandes sorpresas que me llevé durante el viaje. La comida típica de Corea del Sur combina sabor y tradición y ofrece una manera muy cercana de conocer el país a través de sus costumbres.
Recuerdo especialmente los mercados llenos de vida y esas mesas compartidas en las que van llegando platos y acompañamientos hasta ocupar casi todo el espacio. En Corea, cada comida acaba formando parte del viaje, tanto por los sabores como por la forma de disfrutarlos en compañía.
Después de recorrer el país y sentarme ante mesas muy distintas, hay recetas que todavía relaciono de inmediato con Corea del Sur. Aquí reúno mis platos coreanos favoritos, los que recomiendo probar para acercarse al destino también desde su cocina.

La gastronomía de Corea del Sur refleja muchos rasgos de su cultura. Es una cocina intensa, generosa, equilibrada y muy social, donde se come alrededor de una mesa llena de preparaciones que se comparten.
Uno de los elementos más característicos son los banchan, pequeños acompañamientos que se sirven junto al plato principal. Pueden incluir distintas verduras y elaboraciones fermentadas. Entre ellos suele estar el kimchi, probablemente el alimento coreano más conocido fuera del país, preparado con verduras fermentadas y especias.
La fermentación tiene mucho peso, igual que el arroz, las sopas, los guisos, las verduras, el marisco y la carne a la parrilla. A todo ello se suman ingredientes como el ajo, el sésamo, la soja o el gochujang, una pasta de chile fermentado. Estos sabores forman parte de la identidad culinaria coreana y se reconocen cada vez con más facilidad conforme avanza el viaje.
En una misma comida se combinan preparaciones picantes, fermentadas, suaves, tostadas y ligeramente dulces. Esa variedad hace que la mesa coreana resulte muy dinámica, con pequeños bocados que se alternan durante toda la comida.
La gastronomía coreana vive actualmente un gran momento internacional y seguramente ya sea posible encontrar algunos de estos platos cerca de casa. También se puede probar una barbacoa coreana fuera del país. En Corea la experiencia resulta más auténtica, variada y emocionante, porque se disfruta dentro del contexto en el que forma parte de la vida cotidiana.
En Seúl, por ejemplo, la comida acompaña buena parte del día entre restaurantes, mercados y mesas compartidas. Para mí, comer fue una de las formas más naturales de acercarme a la cultura coreana durante el viaje.

Hay varias recetas que considero imprescindibles en un primer viaje al país. Esta selección reúne algunos de mis platos favoritos de Corea del Sur, desde fermentados y sopas hasta carnes a la parrilla y bocados callejeros.
El kimchi es uno de los grandes símbolos gastronómicos de Corea del Sur. Se elabora normalmente con col fermentada, chile, ajo, jengibre y otros condimentos, y existen muchas variedades. Precisamente esa diversidad invita a probarlo en distintos lugares.
Se sirve como acompañamiento en casi todas las comidas y su sabor puede cambiar mucho de una receta a otra. Algunas versiones son más picantes, otras más ácidas, suaves o intensas. Cada preparación tiene sus propios matices.
Mi consejo es darle varias oportunidades a lo largo del viaje. Cada restaurante, mercado o casa puede preparar un kimchi diferente y ahí está buena parte de su encanto. Es fácil acabar encontrando una versión que encaje especialmente bien con tus gustos.
El bibimbap es uno de los platos más conocidos de Corea del Sur y una de las recetas que suelo recomendar a quien prueba cocina coreana por primera vez. La preparación principal lleva arroz, verduras, huevo, carne y salsa gochujang, todo servido en un bol.
Los ingredientes se mezclan antes de comer para combinar los sabores en cada cucharada. Es un plato completo y muy reconocible, además de una buena forma de probar juntos varios ingredientes habituales de la cocina coreana.
Jeonju es la cuna del bibimbap, por lo que merece la pena incluirla en el recorrido si quieres probar el auténtico. Comerlo allí suma un vínculo directo entre el plato y el lugar del que procede.
El kalguksu es una sopa coreana preparada con fideos de trigo cortados a cuchillo. Su sabor es sencillo, casero y reconfortante, y permite probar una faceta distinta de la gastronomía del país.
Se sirve en un caldo caliente que puede prepararse con verduras, anchoas secas, pollo o marisco. Según la receta, también lleva calabacín, cebolleta, patata o almejas. El caldo y los fideos concentran buena parte del protagonismo del plato.
A mí me resulta especialmente apetecible cuando apetece sentarse ante una preparación caliente y fácil de disfrutar. El kalguksu acerca a esa cocina más casera que también forma parte del día a día coreano.
El bulgogi se prepara con carne de ternera marinada en una mezcla de salsa de soja, azúcar, ajo, sésamo y otros ingredientes. Después se cocina a la parrilla o salteada, según la receta.
Tiene un sabor ligeramente dulce, jugoso y muy aromático. Suele gustar incluso a quienes se acercan por primera vez a la cocina coreana, así que es una opción estupenda para empezar a probar sus platos de carne.
Durante una ruta que también pase por Gyeonju, se pueden ir alternando las recetas más conocidas con otras propuestas locales. La comida acompaña muy bien un recorrido por distintas zonas del país.
La barbacoa coreana fue una de las comidas que más disfruté durante el viaje. Se cocina directamente en la mesa y todo gira alrededor de compartir, probar combinaciones y disfrutar juntos de la cena.
En el centro se coloca una parrilla donde se preparan diferentes cortes de carne. Entre los más habituales están el samgyeopsal, panceta de cerdo, y el galbi, costilla marinada. Cocinar cada pieza delante de ti forma parte de la experiencia.
La carne suele envolverse en hojas de lechuga con ajo, salsas, kimchi y otros acompañamientos. Cada bocado se puede montar de una manera distinta, algo que hace la cena especialmente entretenida.
Mi recomendación es reservar al menos una noche para una barbacoa coreana. Es una de las cenas más divertidas y sociales del viaje y una forma estupenda de vivir esa costumbre de reunirse alrededor de la comida.
Quienes disfruten especialmente de la carne deberían probar el hanwoo. Procede de una raza autóctona coreana y destaca por su sabor, su textura tierna y la infiltración de grasa.
Suele disfrutarse en una barbacoa coreana de mayor nivel, cocinado a la parrilla y acompañado de banchan, salsas y verduras. La carne ocupa aquí el centro de la comida y merece la pena saborearla con atención.
Para mí, es una buena elección para una cena centrada especialmente en el producto. El hanwoo permite probar una de las carnes más valoradas de Corea del Sur.
El cerdo negro es uno de los productos que recomiendo probar durante una estancia en Jeju. Es una carne muy apreciada por su sabor intenso y su textura jugosa.
Se prepara habitualmente a la parrilla, al estilo de la barbacoa coreana. Probarlo en la propia isla tiene todo el sentido, porque forma parte de su identidad gastronómica.
Mi recomendación es reservar una comida o una cena para disfrutarlo allí. Relacionar un sabor con el lugar donde se consume hace que el recuerdo del viaje quede todavía más ligado al destino.
El tteokbokki es uno de los platos callejeros más populares de Corea del Sur. Se prepara con pastelitos de arroz cocinados en una salsa roja, normalmente picante y ligeramente dulce.
Se consume mucho como snack y es especialmente popular entre los jóvenes. Resulta muy fácil encontrarlo en puestos callejeros y mercados, así que suele cruzarse en el camino más de una vez.
El contraste entre el picante y el punto dulce de la salsa define buena parte de su sabor. Merece la pena probarlo durante una ruta por los mercados coreanos.
Los mandu son empanadillas coreanas rellenas normalmente de carne, verduras, tofu o kimchi. Se sirven al vapor, fritas, en sopa o a la plancha, de modo que una misma receta admite preparaciones muy distintas.
Yo recomiendo buscarlas en mercados tradicionales o restaurantes especializados. Probar varios tipos permite comparar rellenos y formas de cocción mientras se comparten en la mesa.
Son uno de esos bocados fáciles de incorporar a cualquier jornada. Funcionan muy bien para picar o para acompañar otros platos.
El pollo frito coreano es uno de los platos más populares del país y una de esas comidas que siempre apetece probar durante el viaje. Su fritura es muy crujiente y ligera, una característica que lo distingue nada más darle el primer bocado.
Se sirve con diferentes salsas, desde la clásica versión dulce y picante hasta opciones con soja, ajo o miel. Cambiar de salsa transforma bastante el sabor, por lo que compartir varias opciones suele ser una buena idea.
Mi recomendación es tomarlo con cerveza, tal y como hacen muchos locales. Esta combinación recibe el nombre de chimaek y es muy popular en Corea.
Si viajas a Jeju, probar sus mandarinas es casi obligatorio. Son una forma sencilla y deliciosa de llevarte un recuerdo del sabor de la isla y se encuentran con mucha facilidad.
Las verás en mercados y tiendas, además de en zumos, postres, chocolates y dulces. También se utilizan en productos de cosmética. La mandarina está muy presente en Jeju en formatos muy distintos.
A mí me gusta especialmente probar estos productos locales mientras recorro los mercados. Es uno de esos sabores que terminan asociados de forma inmediata a un lugar concreto.

Corea del Sur tiene una cultura de comida callejera muy viva, sobre todo en mercados y barrios con mucho ambiente. Recorrer sus puestos permite ir probando varios sabores mientras se observa la vida cotidiana alrededor.
En Seúl, lugares como Gwangjang Market, Myeongdong o Hongdae son perfectos para probar diferentes bocados. En Busan, los mercados y las zonas cercanas al mar también ofrecen muchísimas opciones. Aquí funciona muy bien dejar algo de espacio a la improvisación y elegir sobre la marcha.
Entre los snacks imprescindibles están:
Tteokbokki, con sus pastelitos de arroz en salsa roja picante y ligeramente dulce.
Mandu, las empanadillas coreanas que admiten distintos rellenos y formas de cocción.
Gimbap, parecido a un rollo de arroz con distintos rellenos.
Odeng o eomuk, un pastel de pescado servido en caldo.
Hotteok, una tortita dulce rellena normalmente de azúcar moreno, frutos secos y canela.
Son bocados perfectos para compartir y probar varias cosas en una misma visita.
Mi consejo es animarse con los mercados. Muchas veces, algunos de los mejores sabores del viaje se encuentran en un puesto sencillo, comiendo de pie y rodeado de locales. Además, suele ser una opción muy económica y permite pedir distintos bocados para compartir.

Los dulces coreanos suelen ser menos empalagosos que los de otros países y utilizan ingredientes como arroz, judía roja, miel, frutos secos o frutas. Reservar algo de hueco para ellos permite conocer otra parte de la gastronomía coreana.
Uno de los más populares es el bingsu, un bol de hielo raspado muy fino que se sirve con distintos toppings, como judía roja, fruta, leche condensada, té matcha, mango o chocolate. En verano resulta especialmente apetecible y se encuentra en muchas cafeterías de Corea.
También se puede probar el hotteok, la tortita dulce rellena normalmente de azúcar moreno, frutos secos y canela; los yakgwa, galletas fritas con miel y jengibre; y los songpyeon, pequeños pasteles de arroz. Estos últimos se suelen preparar en celebraciones como Chuseok.
Mi recomendación es guardar sitio para algún postre en una cafetería coreana. Corea del Sur tiene una cultura de cafés espectacular, con locales muy cuidados y propuestas dulces muy fotogénicas.
Durante el viaje disfruté mucho de esas paradas entre una visita y otra. Sentarse a tomar algo dulce en una cafetería permite conocer una faceta más de la vida cotidiana coreana y probar sabores distintos a los de las comidas principales.
El soju es la bebida alcohólica más popular de Corea del Sur. Se trata de un licor claro, suave y ligeramente dulce, elaborado habitualmente a partir de arroz u otros cereales.
Se toma en muchas cenas entre amigos, especialmente durante una barbacoa coreana o una comida informal. Compartirlo forma parte de muchas reuniones alrededor de la mesa.
También es muy popular el somaek, una mezcla de soju con cerveza que se consume sobre todo en ambientes informales y es muy habitual entre los jóvenes.
Otra bebida que merece la pena probar es el makgeolli, un licor tradicional de arroz, ligeramente dulce y con una textura muy particular. Permite conocer otro tipo de bebida coreana distinta al soju y al somaek.
El té ocupa igualmente un lugar importante en la cultura del país. Además del té verde, se preparan infusiones tradicionales como el yujacha, elaborado con cidra coreana; el saenggangcha, de jengibre; o el omijacha, preparado con bayas de cinco sabores. Hay opciones muy variadas para quienes prefieren bebidas sin alcohol.
Mi consejo es buscar una casa de té tradicional si te apetece una experiencia más tranquila. Sentarse con una infusión delante permite disfrutar de otra cara de Corea del Sur, lejos del ambiente de mercados, barbacoas y cenas informales.
Después de probar kimchi, bibimbap, kalguksu, bulgogi, barbacoa coreana, carne hanwoo, cerdo negro de Jeju, comida callejera, dulces y bebidas tradicionales, la comida típica de Corea del Sur termina ocupando un lugar propio entre los recuerdos del viaje. Hay sabores ligados a mercados, otros a mesas compartidas y algunos que cobran todavía más sentido cuando se prueban en su lugar de origen.
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