Después del Ground Zero Blues Club me dirigí al Bluesberry Café, un lugar
frecuentado por los ZZ Top y donde esa misma noche yo cenaría y vería un concierto de Blues fantástico. Este lugar está a cinco minutos del Ground Zero, pero el recorrido no pudo ser más intenso. Lo primero que me llamó la atención fue la cantidad de grafitis que había y las placas haciendo mención a personajes célebres de la ciudad.Mientras caminaba y observaba estos fantásticos grafitis
una pequeña tienda de guitarras llamo mi atención. Parecía cerrada, pero lo descarté al ver entrar a dos chicas -también de fuera- y decidí entrar a echar un vistazo. La tienda era igual de ruinosa que el resto de la ciudad, pero con mucho encanto, unas guitarras alucinantes, discos de vinilo, pósteres, y fotografías de músicos por todas partes. Allí todo estaba amontonado. Su dueño era un tipo muy agradable y simpático y nada más abrir un poco la puerta me gritó:
"¡Entra y siéntete como en tu casa!"
Cuando ya llevaba diez minutos mirando la cantidad de cosas que tenían amontonadas en el establecimiento una de las chicas preguntó: "¿Puedo probar esa guitarra?" El hombre le facilitó el instrumento y ella comenzó a hacerla sonar. En ese instante se creó un momento maravilloso del que disfrutamos los cuatro. La música une y no me cansare de decirlo. ¡Fue sensacional! Ella tocaba de una forma muy especial y me siento muy afortunada por el regalo tan maravilloso que nos hizo. Este fue
uno de esos momentos especiales que paran el tiempo, que hacen que me enamores la vida. Estas son las experiencias que encienden en mi el motor que tengo dentro, ese motor que me impulsa a viajar, a disfrutar del momento, a sentir y compartir con los demás. Como dijo un anónimo,
la vida no se mide por el número de veces que respiramos sino por las veces que nos quedamos sin respiración.Ya era de noche cuando salimos de la tienda y mi siguiente destino era un concierto y una merecida cena en Bluesberry Café.
Las calles de Clarksdale tienen un sabor aún más especial por la noche que por el día. El pueblo se ve envuelto en un aroma constante de decadencia absoluta y, sin embargo, es ello lo que lo convierte en un lugar único… ¡casi mágico!A primera hora del segundo día y después de un buen desayuno en Clarksdale me despedí de la ciudad para dirigirme a mi siguiente destino: el increíble y musical Memphis. Mi tiempo en Clarksdale llega a su fin, pero
la ruta en coche por Estados Unidos continúa... Y a ti, ¿te gustaría
viajar a Estados Unidos?