Para muchos Vejer es el más especial de los llamados pueblos blancos. Quizá sea por su localización majestuosa, por sus calles llenas de encanto y que piden fotos a gritos en cada esquina, por sus placitas o por ese vinito al sol en una de las terrazas de la Plaza de España, pero lo que está claro es que este pueblo bien se merece una visita.