

Para acercarte a la comida típica de Hungría, te propongo empezar por una sopa con paprika, seguir con un plato de carne y guardar sitio para el postre. Es una cocina de sabores especiados, con recetas contundentes que se agradecen especialmente después de un paseo en un día frío.
Entre los ingredientes que vas a encontrar están el pimentón, la crema agria, los embutidos y los encurtidos. Las carnes y las verduras se combinan en sopas y guisos; el pescado de agua dulce también tiene sus recetas. Algunos platos pueden recordarte a la cocina del interior de España.
Reservaría parte del viaje para comer en mercados, restaurantes y pastelerías. Cada uno ofrece una ocasión para probar algo: un lángos recién hecho, una porción de tarta o una receta casera. Así podrás conocer tanto los platos salados como la repostería y las bebidas del país.

La paprika, el pimentón que se utiliza en muchos platos húngaros, es uno de los ingredientes más reconocibles del país. Se encuentra en versiones dulces y picantes, y también se comercializan variedades ahumadas. Al comprarla, te aconsejo fijarte en la etiqueta y elegir la que encaje con lo que quieras cocinar en casa.
Los mercados y supermercados son buenos lugares para buscarla. Un paquete de paprika puede ser un recuerdo que después uses en tu cocina. Si te ha gustado una sopa o una salsa durante el viaje, preguntar qué tipo lleva te orientará al escogerla. El grado de picante merece atención si prefieres sabores suaves.
Otro ingrediente que reconocerás pronto es el tejföl, una crema agria presente en salsas y acompañamientos. También se consumen embutidos y encurtidos. Una comida tradicional puede empezar con una pequeña sopa y algún encurtido, continuar con un principal y terminar con un dulce. Te animo a probar esa combinación cuando te apetezca sentarte a comer con hambre.

Las sopas, las carnes y las masas forman buena parte de esta selección. Encontrarás recetas para comer sentado y propuestas de puestos callejeros. Para elegir, tendría en cuenta qué te apetece ese día y dejaría otras opciones para las siguientes comidas del viaje.
El goulash húngaro se sirve habitualmente como una sopa con carne y verduras. La ternera es una de sus bases más características; también existen variantes con cerdo. La cebolla, la zanahoria, el pimiento y el pimentón aportan sabor al caldo, y algunas preparaciones incorporan vino. La receta cambia según quién la cocine.
Fuera de Hungría se conocen versiones más próximas a un estofado. Aquí te sugiero probar la preparación caldosa, acompañada de pan. Si te sirven una pasta roja picante para añadir, empieza por una cantidad muy pequeña. Se puede ajustar después al gusto y así disfrutarás del caldo sin que el picante domine cada cucharada.
El pollo paprikash combina pollo guisado, pimentón y una salsa de crema agria. Una guarnición habitual son los nokedli, pequeños bocados de pasta tierna que se mezclan con la salsa. Yo lo incluiría entre los principales que probar durante el viaje si te gustan los guisos de pollo.
Al pedirlo, fíjate en cómo se sirve la salsa con la guarnición. Los nokedli recogen esa mezcla cremosa de tejföl y paprika, así que merece la pena probarlos juntos. Es una forma sencilla de reconocer dos de los ingredientes que volverás a encontrar en otras recetas húngaras.
En Hungría, las crepes se llaman palacsinta. Las hortobágyi palacsinta llevan un relleno de carne y una salsa de pimentón y crema agria. Hay preparaciones con carne de vacuno, cebolla y pimientos; la carne y la elaboración pueden variar. Te las propongo si quieres probar otra manera de combinar los sabores de los guisos.
Las palacsinta también se sirven dulces como postre. Al leer la carta, comprueba el relleno para elegir entre una preparación salada y una dulce. Así puedes incorporar las crepes a la comida en el momento que más te apetezca, sin confundir ambas versiones.
El pato tiene presencia en la cocina húngara y se prepara de varias formas. Una combinación que te recomiendo buscar es el pato asado con col lombarda estofada y puré de patatas. La carne y las dos guarniciones componen un principal completo, pensado para disfrutarlo sentado en un restaurante.
La meggyleves es una sopa fría de cerezas ácidas que se toma como primer plato. Su ingrediente principal y su sabor pueden hacer pensar en un postre. Yo la probaría al comienzo de la comida, tal como se acostumbra a servir, para conocer una de las propuestas de fruta de esta cocina.
Hungría carece de costa marítima y en sus recetas tradicionales de pescado destacan las especies de agua dulce. La carpa y el pez gato o bagre se preparan en sopa y también empanados, según el plato. Las sopas incorporan paprika y verduras, con diferencias entre recetas y zonas.
Si te apetece alternar las carnes con pescado, te aconsejo mirar estas preparaciones en las cartas. La sopa permite seguir probando el pimentón desde otra combinación de ingredientes. El pescado empanado ofrece otra opción dentro de la misma tradición de agua dulce.

La repostería merece varias paradas durante el viaje. Yo repartiría los dulces entre un puesto callejero, una cafetería y el postre de alguna comida. Hay masas caramelizadas, tartas de capas y preparaciones con fruta o requesón; se puede ir eligiendo según lo que más te guste.
La tarta Dobos combina capas de bizcocho y crema de mantequilla con chocolate, rematadas con una fina cubierta de caramelo crujiente. Entre quienes la probaron estuvo la emperatriz Sisi, también reina de Hungría. Te sugiero buscar una porción en una pastelería para disfrutar de las capas y de la cubierta en un mismo bocado.
El kürtőskalács está ligado a la tradición húngara de Transilvania, hoy en Rumanía y vinculada históricamente al reino de Hungría. Para prepararlo se enrolla una masa alrededor de un cilindro de madera, se recubre con azúcar y se cocina girándolo sobre las brasas. El exterior se carameliza y el interior queda tierno.
Mi consejo es pedirlo recién hecho, con el interior todavía caliente. Azúcar y canela forman una combinación clásica. También se encuentran coberturas de virutas de chocolate, cacao, coco, nueces o pistacho, que se adhieren a la superficie del dulce.
En algunos puestos se ofrecen versiones rellenas de Nutella o helado. Para probar la preparación tradicional, yo escogería el cilindro hueco, sin relleno. Así puedes apreciar la masa y el azúcar caramelizado que la recubre antes de decidir si otro día te apetece una de las versiones rellenas.
Con el nombre gombóc encontrarás distintas preparaciones en forma de bola. Las de ciruela y las de requesón son dos opciones tradicionales que te propongo distinguir al pedir, porque se elaboran con masas distintas.
Los gombóc de ciruela llevan una masa de patata que envuelve la fruta. Se cuecen y se recubren con pan rallado tostado y azúcar.
Los gombóc de requesón incorporan el queso en la masa. También se cuecen y suelen terminarse con pan rallado tostado y azúcar glas.
El somlói reúne bizcochos de varios sabores, sirope, pasas, nueces, chocolate y nata. La preparación clásica reúne bizcocho natural o de vainilla, de nueces y de cacao. También hay versiones que incorporan mermelada. Se sirve en porciones o en un recipiente, con los ingredientes reunidos para comerlos con cuchara.
Este postre recibió reconocimiento en la Exposición Universal de Bruselas de 1958. Si te gustan las combinaciones de bizcocho y crema, lo incluiría entre los dulces que probar en un restaurante o una cafetería. Las nueces y las pasas aportan textura entre el bizcocho y la nata.
El flódni pertenece a la tradición repostera de la comunidad judía húngara y se prepara para celebraciones como Janucá. Lleva rellenos de semillas de amapola, manzana, nueces y mermelada de ciruela, separados por capas de masa. Te animo a buscarlo en pastelerías tradicionales para probar juntos esos cuatro sabores.
En cafeterías y cartas de postres también encontrarás rétes, parecido al strudel austriaco, y krémes, además de las tartas y crepes mencionadas. Los tendría presentes al mirar el mostrador: se puede escoger un dulce distinto en cada parada y conocer más recetas a lo largo del viaje.
El vino tiene un lugar destacado en la mesa húngara, junto a cervezas y bebidas como Unicum y pálinka. Si te apetece probarlos, te propongo fijarte en sus ingredientes y procedencia. Tokaj y Eger son dos nombres que merece la pena reconocer al consultar una carta de vinos.
Para empezar, te señalaría dos referencias con perfiles distintos. Una acerca a los vinos dulces de Tokaj y la otra a los tintos de Eger; elegir entre ellas depende de lo que te apetezca tomar y de la comida que hayas pedido.
Tokaji Aszú es un vino blanco dulce de Tokaj, al noreste de Budapest. El término puttonyos está asociado a su clasificación de dulzor; la región también elabora otros estilos de vino. Al elegir una botella, pregunta por sus características para saber qué esperar de ella.
Egri Bikavér, cuyo nombre se traduce como sangre de toro, es un tinto de la región de Eger. Puede presentar aromas de fruta, especias y notas de madera, según su elaboración.
Si prefieres cerveza, Dreher, Borsodi, Soproni y Arany Ászok son marcas húngaras que puedes buscar en bares y restaurantes. Preguntaría cuáles tienen disponibles para elegir una con la comida.
El Unicum es un licor de hierbas de sabor amargo, que puede recordar al Jägermeister. Su historia está ligada a la familia Zwack, que fundó su primera fábrica en 1840. La empresa pasó por la nacionalización durante la etapa comunista y la familia participó en su recuperación a comienzos de los años noventa.
La producción continúa vinculada a Budapest; la fábrica cambió de ubicación a lo largo de su historia. Si te interesan los licores de hierbas, puedes probar Unicum como parte de un aperitivo. Yo tendría presente su sabor amargo antes de pedirlo, especialmente si acostumbras a elegir bebidas más dulces.
La pálinka es un aguardiente elaborado a partir de frutas, con versiones de ciruela, pera, albaricoque o melocotón. También hay tradiciones de destilados de fruta en Transilvania, en Rumanía, y en Voivodina, en Serbia. Conviene distinguir esas bebidas regionales de la denominación húngara.
Puede tomarse como aperitivo antes de comer. Te recomendaría preguntar qué fruta se ha utilizado para escoger entre las variedades disponibles. En Budapest se pueden encontrar estas bebidas en numerosos bares, incluidos los del distrito VII, donde están el barrio judío y los conocidos bares de ruina.
El lángos es una masa frita que se sirve con ingredientes por encima. Su forma puede recordarte a una pizza. Para una primera toma de contacto, me quedaría con una de las combinaciones tradicionales: ajo, crema agria y queso rallado.
También se ofrecen versiones con embutidos húngaros, pimiento, cebolla o salmón, según el puesto. Se pueden elegir los ingredientes que más te apetezcan. Es una opción para una comida informal durante un recorrido por los mercados, sobre todo si puedes tomarlo recién preparado.

Para comer, combinaría restaurantes tradicionales con otros que actualizan las recetas manteniendo sus ingredientes habituales. En las ciudades hay propuestas de ambos tipos; en los pueblos se pueden encontrar casas de comidas y restaurantes de cocina casera. Son ocasiones para probar una misma tradición con distintas elaboraciones.
Los mercados ofrecen ingredientes para comprar y, en muchos casos, puestos de comida para llevar. Puedes buscar paprika, un goulash casero o un lángos recién hecho, según la oferta del mercado. Para los dulces, alternaría esos puestos con cafeterías y pastelerías, sin reservar toda la repostería para el final de una comida.
Al recorrer el país, los productos locales influyen en lo que se cocina. Budapest reúne sopas como el goulash y repostería clásica; en la llanura oriental se encuentran guisos y sopas de pescado con pimentón. En el norte hay preparaciones de setas y caza, y alrededor del Balaton se pueden probar pescados y vinos locales. Las recetas dulces también varían entre zonas y establecimientos.
Para elegir dónde sentarte, te aconsejo valorar la cocina y la calidad de cada restaurante, además de su fama. Hay locales menos conocidos que merecen una parada. Como asesora, puedo orientarte entre las opciones que encajen con tu recorrido y los platos que tengas más ganas de probar.
Un mercado, una sopa caliente, un dulce recién hecho y una comida junto a alguna de las paradas del viaje pueden acercarte a Hungría a través de sus sabores. ¿Te apetece incluir estas experiencias en tu ruta? Pide cita sin compromiso y en PANGEA diseñamos contigo un viaje a Hungría a medida, con visitas y propuestas gastronómicas adaptadas a tus gustos.

Te hacemos un presupuesto gratuito y sin compromiso. El compromiso es cosa nuestra, pero eso ya lo descubrirás.
Tenemos espacio, ganas y tiempo de sobra para ti.
¿No te puedes pasar? Hagamos una videollamada allí donde estés.

También puedes llamarnos a los teléfonos
Nuestra razón de ser es hacer viajes para todos los bolsillos. Poner al alcance de todo el mundo una experiencia de compra única y personalizada.
Si te lo ofrecemos es porque lo hemos probado y comprobado. Solo diseñamos viajes de máxima calidad y al mejor precio del mercado.
Nuestro único interés es que viajes. Por eso, financiamos tu viaje hasta a 12 meses sin intereses para que descubras el mundo por lo que cuesta un café al día.
Nuestro compromiso va más allá de diseñar viajes. En PANGEA colaboramos con Entreculturas, que lleva a cabo proyectos que acompañan a la población refugiada tras el conflicto en Ucrania, brindando ayuda de primera necesidad y favoreciendo su integración a través del acceso a la vivienda y al trabajo. Estas iniciativas también impulsan el acceso de la infancia refugiada a la educación y su permanencia en la escuela, porque viajar también significa generar un impacto positivo en el mundo.
¿Quieres ser parte del cambio?