Mezze: pequeños platos, grandes sabores
Antes del plato principal, en Jordania suelen llegar los mezze, una selección de aperitivos pensados para compartir y probar muchos sabores en la misma mesa. A mí me parecen una forma estupenda de empezar una comida, porque convierten cada bocado en conversación.
El mutabbal suele conquistar desde el primer día. Es una crema de berenjena asada con tahini, ajo, limón y aceite de oliva, de textura suave y sabor muy agradable junto al pan árabe.
El hummus ocupa un lugar fijo en cualquier mesa jordana. Se prepara con garbanzos, tahini y limón, y mi consejo es acompañarlo con pan árabe recién horneado. El gesto parece sencillo, aunque allí cobra todo el sentido cuando la comida se sirve al centro.
El tabulé aporta frescura al conjunto de mezze. Esta ensalada de perejil, menta, tomate y bulgur equilibra muy bien los sabores cremosos y especiados, sobre todo cuando después llegan platos de carne.
Los encurtidos y vegetales frescos también tienen su sitio, con pepinos, zanahorias y rábanos que ayudan a equilibrar cada bocado. Junto a ellos, el kibbeh suma una textura crujiente y mucho sabor gracias a su mezcla de carne, bulgur y especias.
Platos típicos de Jordania que no puedes perderte
Al llegar a Jordania, hay platos que todo viajero quiere probar, y con razón. Algunos forman parte de grandes celebraciones, otros se disfrutan en compañía y otros tienen una preparación tan vinculada al lugar que comerlos allí multiplica la experiencia.
Mansaf, el símbolo nacional
El mansaf es mucho más que un plato: es identidad, tradición y celebración. Se prepara con cordero tierno cocinado en una salsa de yogur fermentado, servido con arroz y pan tradicional.
Lo más bonito del mansaf es cómo reúne a las personas alrededor de la mesa. Probarlo permite acercarse a una costumbre muy arraigada en la cultura jordana, especialmente cuando se comparte en un restaurante familiar.
Mi tip de experta es comerlo como marca la tradición, con las manos, usando el pan para tomar un poco de arroz, carne y salsa juntos. Puede parecer extraño al principio; te prometo que es una experiencia deliciosa y muy auténtica.
Maqluba, el plato que se “voltea”
La maqluba despierta curiosidad incluso antes de probarla. Se prepara con arroz, verduras y carne cocinados juntos, y se sirve dándole la vuelta justo antes de comer.
Ese momento de voltear la olla forma parte del encanto del plato. Cuando llega a la mesa, suele generar expectación, sobre todo si se comparte entre varias personas, como ocurre en muchas comidas familiares.
Mi consejo es claro: si ves que la olla es grande, prepárate para compartir. Es un plato pensado para comer en compañía y disfrutar con una conversación larga alrededor.
Zarb, cocina beduina del desierto
El zarb se cocina bajo tierra, en un horno enterrado del mismo nombre. Gracias a este método, la carne y las verduras quedan jugosas, tiernas y llenas de sabor, con un toque ahumado inconfundible.
Probarlo en Wadi Rum deja una memoria muy viva del viaje. El entorno del desierto, la forma de cocinar y el momento de compartir la comida hacen que este plato tenga una presencia propia dentro de la ruta.
Para mí, el zarb resume muy bien la cocina beduina del sur de Jordania. Tiene una apariencia sencilla y, al mismo tiempo, habla de hospitalidad, fuego y tradición de una manera muy cercana.