Platos típicos de Japón que no puedes perderte
Antes de entrar en cada plato, te cuento algo que aprendí a base de probar: Japón no se resume en sushi. Hay mil cocinas dentro de una sola, y eso es lo que la hace tan adictiva. Además, muchos de los mejores bocados llegan cuando bajas expectativas y te sientas donde se sientan los locales.
Lo que vas a ver a continuación no pretende ser una enciclopedia. Es mi selección personal de imprescindibles, esos platos que, cuando los pruebas bien, te cambian la idea que tenías de la comida japonesa.
Sushi y sashimi: la maestría del pescado
El sushi es precisión. Pescado crudo sobre arroz avinagrado, trabajado con una técnica que se nota en el gesto más pequeño: la presión del arroz, el corte del pescado, la temperatura. El sashimi, por su parte, elimina el arroz y deja todo el protagonismo al producto y al cuchillo.
Aquí no hay maquillaje. La frescura lo decide todo, y por eso suelo recomendar locales pequeños cerca de mercados de pescado. En Tokio, las zonas próximas a Tsukiji o Toyosu siguen siendo un buen punto de partida para una experiencia muy directa.
Si quieres un truco sencillo, observa la barra. Cuando el chef trabaja con calma y sin alardes, suele ser una buena señal. Y si te ofrecen pescado de temporada, acepta, porque ahí aparece la magia del washoku sin que te lo expliquen.
Ramen: la comida reconfortante
El ramen es refugio. Tiene origen chino, sí, pero Japón lo hizo suyo hasta convertirlo en un mundo aparte. Fideos de trigo y un caldo concentrado que puede ser shio (sal), shoyu (soja), miso o tonkotsu (cerdo), con toppings como cerdo chasu, huevo marinado y algas.
Lo mejor del ramen es que no hay una única verdad. Cada región defiende su estilo, y eso convierte el plato en una excusa perfecta para moverte por el país con hambre de variantes.
A mí me gusta entrar en ramen-ya sin pensarlo mucho. El local pequeño y con cola corta suele funcionar, sobre todo si el menú es breve. Cuando todo el mundo pide lo mismo, suele ser por una razón.
Tempura: delicadeza frita
La tempura es ligereza aunque sea frita. Mariscos y verduras rebozados en una masa muy ligera, fritos en aceite limpio, con un golpe de calor rápido que deja la textura crujiente y delicada, sin pesadez.
La clave está en el tiempo. Segundos de más lo estropean, y por eso en los sitios buenos la tempura llega en tandas pequeñas. Se acompaña de tentsuyu, una salsa suave que completa sin tapar.
Me encanta pedir tempura de verduras de temporada. Ahí entiendes la estacionalidad en un bocado, y además te permite probar ingredientes locales que quizá no elegirías por tu cuenta.
Okonomiyaki: la tortilla versátil
El okonomiyaki es cocina popular y de plancha. Su nombre se traduce como “cocinado a la plancha a su gusto”, y eso ya te da una pista: es flexible, compartible y divertido. La base suele llevar repollo y huevo, y luego se añaden mariscos, carne u otros ingredientes.
En Osaka lo verás como una masa mezclada y cocinada de una pieza. En Hiroshima se construye por capas, con fideos a menudo incluidos, y el resultado cambia por completo. Dos ciudades, dos personalidades.
Mi momento favorito es cuando lo hacen frente a ti. El olor de la plancha abre el apetito antes de comer, y esa espera, aunque sea corta, forma parte del encanto.
Udon y soba: fideos tradicionales
Udon y soba son cotidianos. El udon es grueso, suave y de trigo. El soba es más fino y con sabor a alforfón. Se toman calientes en caldo o fríos para mojar en tsuyu, una salsa que suele llevar soja, mirin y dashi.
Me parecen perfectos cuando necesitas algo rápido sin renunciar a comer bien. Son la pausa ideal entre visitas, especialmente si estás caminando mucho o enlazando trenes.
Si viajas en verano, prueba soba frío. Es fresco, ligero y muy japonés, de esos platos que no te esperas amar hasta que lo pruebas.
Yakitori y kushikatsu: los pinchos de la noche
La noche en Japón sabe a izakaya. Yakitori son brochetas de pollo a la brasa, con sal o salsa dulce de soja. Kushikatsu también son brochetas, pero empanadas y fritas, con ingredientes variados. Ambos funcionan como aperitivos para compartir mientras la conversación se alarga.
Aquí la regla de oro es pedir poco a poco. La gracia está en ir probando, y en dejar hueco para ese “una más y nos vamos” que nunca es la última.
Si te ofrecen una especialidad de la casa, yo suelo aceptar. En las izakayas la cocina se entiende por confianza, y a veces los mejores bocados llegan sin buscarlos.