

Después de haber viajado por bastantes países de África, siempre que alguien me hace la misma pregunta, si tuviera que quedarme con uno solo, mi respuesta aparece sin pensarlo demasiado. Tanzania. No es una decisión meditada ni una lista de argumentos. Es una sensación que vuelve una y otra vez.
No se trata solo de paisajes o de esos atardeceres que todos asociamos con África. Tanzania combina muchos elementos de forma muy equilibrada: espacios abiertos, vida salvaje, una naturaleza imponente y una forma de relacionarse con el viajero que resulta fácil y honesta. Todo fluye sin necesidad de forzar nada, y eso se agradece desde el primer día.
Si te preguntas qué ver y qué hacer en Tanzania, para un segundo, coge algo de beber y acompáñame. El viaje empieza antes de subirse al primer todoterreno.

Arusha no es la capital de Tanzania, ese papel lo ocupa Dodoma, pero sí es el lugar por el que pasa prácticamente todo el que viaja al norte del país. Aquí se aterriza y aquí empiezan las primeras sensaciones.
Mi recuerdo del primer aterrizaje es muy claro. No esperes un gran aeropuerto, ni largas pasarelas ni un movimiento constante de aviones. Normalmente el tuyo será el único en pista. Bajas por una escalerilla, pisas el asfalto y, cuando levantas la vista, entiendes que estás en otro lugar. Todo es más abierto, más sencillo, más real.
Arusha como ciudad no busca protagonismo, pero cumple perfectamente su función. Te introduce poco a poco en el país, en sus pueblos, en su día a día y en esa manera tranquila de moverse que caracteriza a Tanzania. Es una ciudad segura, fácil de recorrer y agradable para una primera toma de contacto, aunque lo habitual es pasar aquí solo lo justo antes de poner rumbo a los parques nacionales.
Si el horario lo permite, hay algunas paradas que encajan bien en cualquier planning sobre qué ver en Tanzania:
Arusha Cultural Heritage Centre: no es una visita imprescindible, pero sí interesante si quieres empezar a entender la diversidad cultural del país. A mí me gusta porque permite poner contexto a lo que vendrá después, ver piezas de distintas etnias y comprender que Tanzania es mucho más que safaris.
Mercado local (Masai Market): una buena manera de aterrizar mentalmente. Es colorido, caótico por momentos y muy auténtico. Pasear sin prisas, observar, charlar con los vendedores y ver cómo se mueve la ciudad resulta mucho más interesante que comprar nada en concreto.
La experiencia de la tanzanita: esta gema azul intensa solo existe en Tanzania y conocer su proceso completo ayuda a valorar su importancia. No es tanto por la piedra en sí, sino por entender cómo forma parte de la identidad del país.

El safari es el gran motivo del viaje, y en Tanzania se disfruta especialmente porque los parques están relativamente cerca entre sí y cada uno ofrece algo distinto. Eso hace que el recorrido sea variado y que no tengas la sensación de estar viendo siempre lo mismo.
Siempre recomiendo seguir este orden:
Tarangire: empezar aquí me parece un gran acierto. Es un parque más seco, con baobabs imponentes y un río que atrae a muchísimos animales. Ver elefantes en Tarangire es algo habitual, no puntual, y eso marca mucho la experiencia. A mí me gusta porque es un primer contacto muy honesto con lo que será el viaje, sin excesos ni expectativas infladas.
Lago Manyara: el cambio se nota nada más llegar. Más vegetación, más agua y muchísima vida, especialmente aves. Aquí siempre insisto en no centrarse solo en los grandes animales. Observar hipopótamos, cocodrilos o simplemente el entorno merece la pena. Y si aparecen los leones trepadores, es un regalo añadido.
Serengeti: para mí, uno de los grandes motivos por los que viajar a Tanzania. La imagen que todos tenemos en la cabeza cuando pensamos en África se materializa aquí. Serengeti significa “llanura sin fin” y recorrerlo ayuda a entender por qué. El paisaje es inmenso, los animales aparecen de forma constante y el conjunto tiene una coherencia difícil de explicar con palabras. El Serengeti no necesita artificios, solo tiempo y atención.
Cráter del Ngorongoro: bajar al cráter es una de esas experiencias que impactan. Un ecosistema completo dentro de un volcán, con una concentración de fauna impresionante. La sensación de estar rodeado por las paredes del cráter de Ngorongoro mientras observas animales es muy particular y complementa perfectamente al Serengeti.
Sinya: una opción menos conocida y precisamente por eso tan especial. Dormir a los pies del Kilimanjaro cambia por completo la perspectiva del viaje. Poder caminar y realizar un safari a pie, sin grandes depredadores, conecta de otra manera con el entorno y con el paisaje.

Aunque el safari ocupa gran parte del viaje, Tanzania agradece mucho cuando se le añaden otros escenarios que aportan contraste y profundidad.
Lago Natrón: un lugar extremo, muy distinto a todo lo anterior. Sus aguas rojizas, fruto de algas y microorganismos, crean un paisaje poco habitual. No organizaría un viaje solo para verlo, pero incluir el lago Natrón aporta una visión diferente del país y rompe con la imagen clásica del safari.
Lago Eyasi: aquí el valor está en las personas. Los Hadzabe, cazadores-recolectores, y los Datoga, herreros y pastores, mantienen una relación basada en el intercambio. Compartir tiempo con ellos permite entender otras formas de vida que siguen existiendo y que se alejan mucho de nuestra realidad.
Materuni Falls: la cascada es agradable y permite un baño tranquilo, pero lo más interesante es el camino hasta llegar a ella. Caminar entre plantaciones de café, cruzar pequeños pueblos y charlar con la gente local aporta una visión más cotidiana del país.

Después de recorrer el norte, apetece un cambio de escenario. Tanzania también responde bien en este punto, con playas en el Índico que encajan como cierre del viaje.
Zanzíbar: conviene dedicar tiempo a Stone Town, pasear sin rumbo, sentarse a observar y dejar que la ciudad se muestre tal cual es. Después llegan las playas. La costa oeste, más animada en temporada alta, o la costa este, más tranquila y marcada por las mareas. A mí siempre me engancha su ambiente y la vida cotidiana de los habitantes de Zanzíbar.
Pemba: menos accesible y más exigente en desplazamientos, pero mucho más intacta. Es una buena opción para quienes buscan playas poco intervenidas, naturaleza y un arrecife interesante si el buceo forma parte del viaje.
Como ves, este no es un destino que se elija al azar. Normalmente llega después de varias conversaciones, distintas ideas sobre todo lo que puedes hacer en Tanzania y esas ganas de probar algo diferente. Y cuando por fin se vive, suele estar a la altura de lo que prometía.
Si este país empieza a encajar contigo, en PANGEA podemos ayudarte a diseñar un viaje que tenga sentido para ti, con tiempos bien pensados y experiencias bien elegidas. Pide cita sin compromiso y lo hablamos con calma.

Te hacemos un presupuesto gratuito y sin compromiso. El compromiso es cosa nuestra, pero eso ya lo descubrirás.
Tenemos espacio, ganas y tiempo de sobra para ti.
¿No te puedes pasar? Hagamos una videollamada allí donde estés.

También puedes llamarnos a los teléfonos
Nuestra razón de ser es hacer viajes para todos los bolsillos. Poner al alcance de todo el mundo una experiencia de compra única y personalizada.
Si te lo ofrecemos es porque lo hemos probado y comprobado. Solo diseñamos viajes de máxima calidad y al mejor precio del mercado.
Nuestro único interés es que viajes. Por eso, financiamos tu viaje hasta a 12 meses sin intereses para que descubras el mundo por lo que cuesta un café al día.
Nuestro compromiso va más allá de ofrecer experiencias, se nos dan bien los viajes y las personas y por eso, queremos ayudar a mejorar el mundo en el que vivimos. En PANGEA, creemos en el poder de las acciones individuales para generar un impacto positivo a escala global.
¿Quieres ser parte del cambio?