

Hablar de la mejor época para viajar a Tanzania exige contexto. Es un país que se deja recorrer durante buena parte del año, incluso en meses que a priori generan dudas. Yo mismo he viajado en momentos muy distintos y siempre he encontrado la manera de disfrutarlo.
Aun así, entender cómo es Tanzania según la época ayuda mucho a anticipar sensaciones, evitar frustraciones y elegir el momento que mejor encaje contigo, sobre todo si es la primera vez que pisas África.
Por eso, y desde mi experiencia personal, te cuento cuándo viajar a Tanzania no solo en función del clima o los precios, sino de lo que quieres sentir, ver y vivir. Sigue leyendo y descubre cuál es tu mejor momento para viajar a este país que siempre tiene algo que ofrecer.

Antes de entrar en cada época concreta, conviene entender cómo es el clima en Tanzania y por qué condiciona tanto la experiencia de viaje. Tanzania se encuentra cerca del ecuador, pero su clima no es uniforme. La altitud, la proximidad al océano Índico y las grandes llanuras interiores hacen que el tiempo cambie bastante de una zona a otra.
En los parques nacionales del norte, donde se realizan la mayoría de safaris, las temperaturas son agradables durante todo el año, con días cálidos y noches más frescas, especialmente en zonas elevadas como el cráter del Ngorongoro. En la costa y en Zanzíbar, el ambiente es más húmedo y estable, con calor constante y sensación térmica más alta.
Más que el frío o el calor, lo que realmente marca cuándo viajar a Tanzania es la lluvia. No solo por la cantidad de agua, sino por cómo afecta a las pistas, a los desplazamientos y al comportamiento de los animales. Por eso, entender bien las estaciones es clave para saber qué tipo de viaje vas a vivir en cada momento del año.
La época de lluvias en Tanzania ya no está tan claramente delimitada como hace años. El clima se ha vuelto más imprevisible, pero, de forma general, marzo, abril y la primera semana de mayo concentran las lluvias más intensas.
Desde mi experiencia, si es tu primer viaje a África, es preferible evitar estos meses. No porque no se pueda viajar, sino porque el día a día se vuelve más complejo. Las pistas se embarran, el 4x4 puede quedarse atascado y en ocasiones toca bajarse a empujar. Los animales están menos activos y los desplazamientos se alargan.
Dicho esto, la Tanzania lluviosa también regala escenas únicas. Nunca olvidaré ver tres leopardos hermanos subidos a una roca en el Serengeti mientras llovía. Fue una imagen muy poco habitual y difícil de repetir. Se disfruta, sí, pero de otra forma, y conviene tenerlo muy presente antes de decidir.
La mayor ocupación en Tanzania suele coincidir con las fechas más habituales para viajar: segunda quincena de junio, julio, agosto y diciembre.
Una duda recurrente es si en estos meses se ven menos animales. La respuesta es no. En un safari no se puede garantizar qué especies aparecerán, pero sí puedo asegurar que la cantidad de fauna es elevada y la experiencia sigue siendo muy completa.
El aspecto clave aquí es la planificación previa. La capacidad de los alojamientos es limitada y, en estas fechas, reservar con antelación es fundamental para acceder a buenas ubicaciones y evitar compromisos innecesarios en el diseño del viaje.
Siempre que se puede, esta es la época que más recomiendo. Mayo, septiembre y octubre permiten disfrutar de Tanzania con menos ocupación y muy buenas condiciones.
En mayo, por ejemplo, acaban de nacer muchas crías, especialmente de león, y observarlas en libertad es algo muy especial. Septiembre y octubre ofrecen una combinación muy equilibrada: clima seco, buena visibilidad y parques menos concurridos. Además, las zonas de playa funcionan especialmente bien, lo que permite cerrar el viaje con calma.

Si hablamos exclusivamente de safari, la mejor época para viajar a Tanzania se sitúa entre junio y octubre, durante la estación seca. La vegetación es más baja, los animales se concentran cerca del agua y la visibilidad es excelente.
Aun así, el safari en Tanzania no se limita a unos pocos meses. He vivido jornadas memorables fuera de ese periodo. La diferencia suele estar más en cómo se estructura la ruta y qué parques se priorizan que en el mes exacto del calendario.
Esta es una de las preguntas más habituales y mi respuesta es clara: sí, se puede ir a Tanzania sin ver la Gran Migración y vivir una experiencia espectacular.
La Gran Migración se produce únicamente en el Serengeti y, en la mayoría de viajes, se visitan al menos cuatro parques nacionales. Eso significa que solo uno de ellos está directamente condicionado por este fenómeno.
Además, solo migran dos especies, ñus y cebras, que se protegen mutuamente gracias a una simbiosis muy interesante. El resto de animales, leones, elefantes, jirafas, hienas o gacelas, permanecen en los parques durante todo el año.
Para mí, es un añadido interesante, pero no un factor decisivo. De hecho, he visto escenas más impactantes en viajes que no coincidían con la migración.
A grandes rasgos:
Abril y mayo: praderas del Serengeti.
Principios de junio: zona norte del parque.
Julio a octubre: cruce hacia el Masái Mara en Kenia.
Octubre: regreso progresivo al sur.

Para cerrar el viaje, Zanzíbar encaja especialmente bien tras el safari. La mejor época para viajar a Zanzíbar es de junio a octubre, y también enero y febrero, cuando el clima es seco, el calor es agradable y el mar suele estar en buenas condiciones.
Durante las lluvias largas, sobre todo en abril y mayo, la experiencia en Zanzíbar cambia bastante. Aumenta la humedad, el mar está más movido y se pierde parte de la sensación de descanso que muchos buscan al final del viaje.
Tanzania es un país que se adapta muy bien a distintas formas de viajar, siempre que se elija bien el momento y se diseñe el recorrido con criterio. Saber cuándo viajar a Tanzania no va de acertar un mes concreto, sino de alinear expectativas con lo que realmente ofrece el país en cada época.
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