A las siete de la mañana te suena el despertador, llegas al trabajo apurado a las nueve y cuarto, a las once te tomas un par de cafés de máquina para sobrellevar mejor el día y a la una un sándwich de jamón y queso. A las cuatro te diriges al aeropuerto y cuando quieres darte cuenta no son ni las cinco y media y ya estás en territorio marroquí, ¡viendo al sol descender entre las nubes mientras escuchas la llamada a la oración en la plaza de Yamma el Fna! Es la historia de mi viaje a Marruecos pero…¡podría ser la tuya!

Marrakech y su punto de encuentro

Te puedo asegurar que la llamada a la oración no será lo único que escucharás en Yammaa el Fna. Esta plaza representa en su esencia más pura la máxima explosión del teatro de la vida, un regalo a los sentidos a través de un salto repentino a ese pasado cinematográfico en el que la gente aún se reunía en círculos para contar historias de antes y cantar canciones de ahora. Los dentistas siguen mostrando, a día de hoy, las muelas de sus pacientes, como si de trofeos de guerra se tratase; los puestos de comida callejera se multiplican a cada paso que das, y los artistas, mientras tanto, ajenos a esta realidad y a cualquier otra, hacen bailar las serpientes al son hipnótico de la flauta. Y es en ese preciso instante, perdido en la belleza de un caos que sigue las reglas de su propio orden, cuando no puedes evitar pensar que algunos ruidos son, a los oídos, música celestial. ¡Qué lejos quedó ya el estrés de la oficina!

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Qué ver en Marrakech

Viajé a Marruecos con mi pareja, en un intento desesperado por escapar de la rutina. Lo primero que nos sorprendió de Marrakech fueron sus atardeceres; lo segundo, la amplia variedad de monumentos de gran valor cultural que descansaban en sus calles: la medersa de Ben Youssef, hogar de los ejemplares más peculiares y bellos del arte marroquí, las tumbas saadíes, el palacio El Badii, la “confundible” y sevillana Koutoubia, los jardines Majorelle- propiedad del diseñador francés Yves Saint Laurent o los relajantes jardines de la Menara, con el hermoso Atlas de fondo. El primer día llegó a su fin y nosotros, agotados, nos fuimos a dormir con la placentera sensación de haber aprovechado cada minuto al máximo y con el aroma dulzón del jazmín impregnado en la piel.

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Exhaustos decidimos disfrutar de una de las experiencias árabes más relajantes que existen: un hammam con masaje en Les Bains, ¡uno de los pocos hammams donde compartir las termas junto a tu pareja está permitido! A la hora de escoger alojamiento, mi recomendación es elegir un Riad en Marrakech: pequeños hoteles-boutique con mucho encanto en los que empezar con el pie derecho un viaje hacia los orígenes del exotismo más puro. Claro que, si tu bolsillo te lo permite, darte un capricho en el palacio-hotel de La Mamounia es una opción que no deberías descartar en tu viaje a Marruecos. ¡Imagina ponerte en la piel de un Pachá por unos días!

La otra cara de un viaje a Marruecos

Marrakech es sinónimo de caos, de color y de vida, pero también de lentitud, de paz y reposo. Marrakech es a veces dejarse guiar, seguir la dirección del viento por el complejo entramado de sus calles, para disfrutar después de sus inmejorables tés a la menta, negociando con los dueños de los bazares. Si tu primera impresión del país ha sido demasiado impactante para ti, siempre puedes pasear por la avenida de Mohammed V, en el barrio de Gueliz, ¡donde sentirás que caminas por la elegante acera de un bulevar parisino!

Marruecos de película

Para los más aventureros, es aconsejable una ruta en 4×4, con el desierto de Erg Chebbi como destino final. ¡Nosotros la hicimos! El camino es largo, pero te puedo asegurar que merece la pena. Haz una parada en el Ksar de Ait Ben Haddou, cruza el río y adéntrate en la ciudad fortificada construida con adobe rojo, que te transportará inmediatamente a los pasajes bíblicos. Con un poco de suerte algún vecino se acercará orgulloso a enseñarte sus fotos como estelar extra de Star Wars o Gladiator o esas otras de su transformación en esclavo liberado en la ciudad de Yunkai donde Daenerys Targaryen fue aclamada Madre, en Juego de Tronos (¡Mhysa, Mhysa, Mhysa!)

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Pasaje al desierto de Marruecos

¡No te olvides de ver Ouarzazate, la puerta oficial del desierto! Una vez dentro podrás visitar sus estudios de cine para descansar más tarde en algunos de sus hoteles inspirados en Ait Ben Haddou. Nuestro recorrido de película llegó a su fin con la llegada a la gran duna de Merzouga. Mi recomendación es que te alojes en un hotel como el Ksar Merzouga, cuyo encanto reside en que parece flotar sobre las inmensas dunas de arena. Una vez asimilado momentáneamente el paisaje y tras haber descansado del largo trayecto, cogimos las riendas de los camellos y nos adentramos durante un par de horas en las infinitas dunas de Erg Chebbi.

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Terminamos el día con la degustación de una deliciosa cena con ingredientes locales elaborada por los propios bereberes y acabamos la noche cantando y tocando instrumentos al calor de una hoguera. Dormimos en campamentos tradicionales en mitad del desierto -aunque lo último que queríamos hacer en aquel momento fuera cerrar los ojos. Lo hicimos contando las estrellas de una en una y así se hizo más llevadero decir adiós por unas horas a la indiscutible belleza del desierto. Desde mi experiencia te doy un consejo: usa la aplicación Sky Map de Google, para saber más acerca de las bellísimas constelaciones que se dibujan en el firmamento.

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Un viaje a lo más desconocido de Marruecos

Como apunte final, una experiencia diferente al resto y poco conocida entre los visitantes, es viajar al pueblo negro de Khamlia y, por supuesto, entablar conversación con su gente. Si hay algo que llama la atención de esta pequeña parte del país es la música gnawa, creación de los descendientes de esclavos de distintos países del África Subsahariana. Se dice que su música era utilizada para curar el alma. ¿Pondrías la tuya en sus manos?

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Las dunas del desierto son increíbles, pero las de las playas de Essaouira no se quedan atrás. Coquetea con Essaouira y con sus rincones llenos de encanto: sus casas blancas y azules, su arquitectura decadente, su ambiente bohemio lleno de pequeños ateliers y, sobre todo, las personas alegres y relajadas que se bañan en su orilla. Essaouira fue puerto de artistas de la talla de Jimmy Hendrix o Mick Jagger. ¿Te vienes a descubrir por qué?

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El exotismo llega hasta la playa de Essaouria, frente a la isla de Mogador, donde las olas y los surfers se mezclan en armonía con caballos y camellos que pasean por la arena. Quédate hasta la caída del sol, donde la orilla te regalará un atardecer que está incluido en mi lista de los mejores del mundo. De forma similar al salar de Uyuni en Bolivia, el cielo se ve reflejado en la tierra, haciéndote creer por un momento que te encuentras dentro de un cuadro de William Turner.

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Marruecos es un huracán paro los sentidos, una experiencia sensorial inigualable en la que el aroma a especias, cuero y cordero, inunda todo. Viajar a Marruecos es sumergirse de cabeza en el exotismo y la cultura propios de un paisaje remoto a tan solo dos horas de casa. ¡Coge la cámara y prepárate para fotografiar hasta el último detalle!

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